El Control Remoto del Cerebro está Ilegando: ¿Cómo lo Usaremos?

Artículo original: Remote control of the brain is coming: how will we use it?, Catriona Houston

Traducido por Jayleska Johnson

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Controlar las mentes de otros a distancia ha sido durante mucho tiempo uno de los temas favoritos de la ciencia ficción pero los avances recientes en la genética y la neurociencia sugieren que pronto podríamos tener ese poder de verdad.

Hace poco más de una década, el bioingeniero Karl Deisseroth y sus colegas, de la universidad de Stanford, publicaron su artículo sobre el control óptico del cerebro, una rama ahora conocida como la optogenética, en la que el patrón de disparo de las neuronas está controlado por la luz. Para crear el sistema, adaptaron neuronas en cerebros de ratones con genes para una biomolécula llamada canalrodopsina, que se encuentra en las algas. La canalrodopsina utiliza la energía de la luz para abrir vías por las que los iones cargados puedan entrar en las células. Los iones cargados pueden alterar la actividad eléctrica de las neuronas, a su vez influyendo en el comportamiento del animal.

Pronto, los investigadores estaban usando implantes para guiar la luz a la canalrodopsina en neuronas específicas en los cerebros de esos ratones, provocando cambios de comportamiento a pedido. En la Universidad de California, el equipo de Anatol Kreitzer trabajó con Deisseroth para interrumpir el movimiento, imitando la enfermedad de Parkinson e incluso restaurando el movimiento normal en un ratón parkinsoniano. Deisseroth y su colega Luis de Lecea luego demostraron que era posible despertar a los ratones activando un grupo de neuronas en el cerebro que controlan el sueño y la vigilia.

“… alguna forma de control mental en humanos, y los tratamientos y beneficios que confiere, probablemente estará aquí en poco tiempo”.

Pero la optogenética ha sido un desafío. Dado que la luz no penetra fácilmente en el denso tejido graso del cerebro, los investigadores deben implantar un cable de fibra óptica para llevar la luz al cerebro. Esta limitación llevó al desarrollo de otra técnica menos invasiva conocida como DREADD (por sus siglas en inglés y refiriéndose a receptores de diseño activados exclusivamente por medicamentos de diseño). En este caso, un receptor normalmente activado por el neurotransmisor acetilcolina se modifica para responder a un fármaco de diseño que normalmente no se encuentra en el cuerpo. Cuando se administra el fármaco de diseño, se pueden manipular las neuronas y cambiar el comportamiento durante varias horas. El mayor inconveniente aquí: el curso lento de la suministración del fármaco en comparación con los rápidos cambios de la actividad cerebral que ocurren durante la mayoría de los comportamientos estudiados.

En los últimos años, los investigadores han desarrollado una técnica nueva que utiliza ondas de radio de baja frecuencia o un campo magnético que pueden penetrar el cuerpo sin causar daño.  Las ondas sirven para calentar nanopartículas de óxido de hierro inyectadas o dirigidas genéticamente a la región del cuerpo de interés. En un proceso similar a la optogenética, las nanopartículas calentadas abren un canal iónico llamado TRPV (receptor de potencial transitorio vaniloide, por sus siglas en inglés), permitiendo que los iones de calcio entren en la célula. Dependiendo de la ubicación de las nanopartículas, los iones podrían realizar un sinnúmero de tareas, desde liberar insulina a suprimir las hormonas gástricas involucradas con la sensación de hambre.

Parece que solo es cuestión de tiempo antes de que usemos una tecnología similar para tratar problemas de salud neurológica y mental que se originan en el cerebro. Con este fin, algunos investigadores están trabajando con nanopartículas de oro que, cuando se exponen a una luz especial, pueden generar suficiente calor para hacer que una neurona dispare sin necesidad de alterar sus genes.

Se necesita más investigación, pero estos sistemas son potencialmente más precisos y menos invasivos que las técnicas existentes para alterar la actividad cerebral, como la estimulación cerebral profunda. Con tanto progreso en una variedad de frentes, alguna forma de control mental en humanos, y los tratamientos y beneficios que confiere, probablemente estará aquí en poco tiempo.  Sólo tenemos que asegurarnos de que, al igual que otras tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial y la robótica, se utilice para el bien, como para mejorar nuestras vidas.

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Escrito por Catriona Houston
Ilustrado por Alec Marin
Traducido por Jayleska Johnson

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Este artículo se publicó originalmente en Aeon y se ha vuelto a publicar bajo Creative Commons.

 

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Autor(es)

Catriona Houston es escritora y tiene un doctorado en la modulación de la transmisión sináptica inhibitoria. Ha trabajado como investigadora postdoctoral en neurociencia en la Escuela Universitaria de Londres y el Colegio Imperial de Londres.

 

 

 

 

Authors

  • Catriona Houston is a writer, and holds a PhD in the modulation of inhibitory synaptic transmission. She has worked as a postdoctoral researcher in neuroscience at University College London and Imperial College, London.

  • Jayleska Johnson is pursuing a bachelor of science in Cognitive Science and a bachelor of the arts in Spanish, Community and Culture at UCLA. She is interested in developing community programs that benefit and improve Latinx and minority communities in California, specifically Southern California. Jayleska is also interested in the development of the mind and how societal, and economic circumstances can affect how people respond to situations in life. She hopes to integrate her interests of community development and the development of the mind through the creation of community programs to improve Latinx and minority communities. Learning Spanish and about the cultures throughout Latin America is an added benefit that helps her to widen her perspective about different issues that affect different groups of people.

Catriona Houston

Catriona Houston is a writer, and holds a PhD in the modulation of inhibitory synaptic transmission. She has worked as a postdoctoral researcher in neuroscience at University College London and Imperial College, London.

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