No somos tan racionales como creemos: la filosofía política y la ciencia de la irracionalidad

Artículo original: No Somos Tan Racionales Como Creemos: La Filosofía Política y La Ciencia de la Irracionalidad, Daniel Toker

Los científicos cognitivos han sabido por décadas que los humanos son intrínsecamente irracionales cuando se trata de tomar decisiones económicas. Esto puede parecer obvio para un buen jugador de póquer, quien probablemente utiliza la probabilidad matemática para tomar decisiones económicas durante una partida, pero para la mayoría de las personas, el hecho de que tengan sesgos económicos sistemáticos puede ser una sorpresa.

Lo que podría ser aún más inquietante es el hecho de que también somos propensos a la irracionalidad sistemática al tomar decisiones políticas.

Un estudio de neuroimagen, realizado durante las elecciones presidenciales estadounidenses del 2004, analizó cómo los votantes partidistas procesan la información contradictoria sobre los candidatos de su partido. Por ejemplo, los sujetos leían una cita de John Kerry apoyando las sanciones económicas en lugar de la guerra en Irak, y a continuación, en la siguiente diapositiva, leían una cita diciendo que apoyaba inequívocamente la decisión de Bush de invadir. Como era de esperar, los sujetos demócratas podían reconocer las contradicciones en las citas de Bush y celebridades políticamente neutrales, pero encontraban formas de racionalizar las inconsistencias de Kerry. Los sujetos republicanos mostraron la tendencia opuesta: Reconocían inconsistencias en las citas de Kerry y de celebridades políticamente neutrales, pero no en las citas de Bush. Esto no es sorprendente, pero lo que es digno mencionar es que mientras los sujetos justificaban las contradicciones de sus propios candidatos, sus cerebros no mostraban ningún aumento significativo en la actividad de las regiones cerebrales previamente asociadas con el razonamiento «frío». En cambio, los investigadores observaron una mayor activación en las regiones del cerebro asociadas con el procesamiento emocional.

«Platón se dio cuenta hace milenios de que los humanos son inherentemente irracionales».

La moraleja: Tanto los liberales como los conservadores encajan la nueva información en esquemas cognitivos preexistentes regulados emocionalmente, independientemente de si hacerlo es lógico o no. Las personas pueden explicarnos por qué sus decisiones son racionales, incluso pueden pensar que llegaron a sus decisiones de forma racional, pero en realidad simplemente están justificando reacciones emocionales e instintivas. Esto es similar a lo que algunos científicos cognitivos llaman construcción retrospectiva, que es la ilusión de haber hecho una elección consciente después de haber decidido inconscientemente una forma de proceder.

Otro estudio encontró que al realizar una tarea simple de toma de decisiones que implicaba cierto riesgo, los republicanos y los demócratas mostraron niveles de activación significativamente diferentes en las áreas del cerebro asociadas con el procesamiento emocional. Específicamente, los republicanos tendieron a emplear más intensamente la amígdala derecha y los demócratas tendieron a emplear más intensamente la ínsula izquierda. Si bien podríamos inventar algún cuento para explicar cómo los conservadores y los liberales procesan emocionalmente la información de forma diferente, el hallazgo más interesante es que la activación diferencial de la amígdala y la corteza insular es un mejor predictor del partidismo que cualquier otra medida propuesta hasta ahora – es mucho más preciso (82,9 % de precisión) que adivinar nuestra afiliación en función del partidismo de nuestros padres (69,5 % de precisión). El problema que plantea este hallazgo es el siguiente: ¿Qué tan seguros podemos estar de haber desarrollado nuestra ideología política de manera racional cuando un neurocientífico puede predecir con precisión esas creencias simplemente observando las regiones del cerebro involucradas en el procesamiento emocional?

¿Qué significa esto para la filosofía política? Platón se dio cuenta hace milenios de que los humanos son inherentemente irracionales. Por eso, en su República, propuso que deberíamos poner todo el poder político en manos de filósofos capacitados, que son ostensiblemente más capaces de razonar «fríamente» que la persona común. A estos líderes los llamó reyes filósofos. Pero los filósofos también son capaces de razonar mal: el mismo Platón vivió mucho antes de que la gente en el mundo occidental comenzara a cuestionar seriamente la ética de la esclavitud o la subyugación de las mujeres. Poner todo el poder político en manos de uno de sus reyes filósofos, que probablemente hubiera procedido de acuerdo con los valores morales de la época, habría conducido a un estado totalitario inmoral según los estándares actuales.

«La solución, creo, es una educación casi universal en filosofía».

Pero podemos simpatizar con la preocupación de Platón sobre una democracia mal informada. Al fin y al cabo, los ciudadanos de Atenas, la cuna de la democracia, votaron para ejecutar a su mentor Sócrates por corromper a la juventud de la ciudad. Quizás Platón pensó que si los filósofos estuvieran en el poder, o si Atenas tuviera líderes que fueran capaces de un pensamiento realmente racional, entonces habrían reconocido el servicio que Sócrates estaba brindando al obligar a otros atenienses a examinar críticamente sus vidas.

Esa misma preocupación permanece con nosotros hoy: Valoramos la democracia, pero si los votantes no están informados y no piensan críticamente, ¿cómo se puede confiar en ellos para tomar decisiones políticas racionales?

Tenemos algo que carecían los antiguos atenienses, y eso es un acceso casi universal a la información. Si alguna vez surge una pregunta sobre algún hecho, la mayoría de las personas en el mundo occidental pueden encontrar la respuesta más adecuada posible en cuestión de minutos. El problema es que el acceso casi universal a datos objetivos no parece haber hecho que las personas sean mejores a la hora de razonar fríamente. Como hemos visto, incluso cuando nos enfrentamos a información claramente contradictoria, podemos encajar esa información en esquemas cognitivos preexistentes. Si queremos evitar votar por la causa equivocada, como hicieron los atenienses cuando ejecutaron a Sócrates, entonces debemos convertirnos en pensadores más racionales. Pero, ¿cómo podemos lograr que la gente piense más racionalmente?

Si la democracia es hacernos a todos reyes, entonces seamos reyes filósofos. Los filósofos no son inmunes a los prejuicios que conducen a la toma de decisiones irracionales, pero una formación en filosofía nos hace mucho más conscientes de nuestros propios prejuicios, aunque solo sea porque otros filósofos desacrediten cada suposición y contradicción en nuestras creencias. Y si es difícil que alguien se aferre a una creencia irracional en un seminario de filosofía, imaginemos lo difícil que sería perpetuar ideas defectuosas en una sociedad en la que todos son reyes filósofos.

Este artículo apareció originalmente en danieltoker.com.

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Imágenes de Kayleen Schreiber
Traducido por Justin Lai

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Referencias

Westen, D., Blagov, P. S., Harenski, K., Kilts, C., & Hamann, S. (2006). Neural bases of motivated reasoning: An fMRI study of emotional constraints on partisan political judgment in the 2004 US presidential election. Journal of cognitive neuroscience, 18(11), 1947-1958.

Schreiber, D., Fonzo, G., Simmons, A. N., Dawes, C. T., Flagan, T., Fowler, J. H., & Paulus, M. P. (2013) Red brain, blue brain: Evaluative processes differ in Democrats and Republicans. PLoS One, 8(2), e52970.

 

Daniel Toker

Daniel Toker es estudiante de doctorado en neurociencia en la Universidad de California, Berkeley, y se especializa en neurociencia computacional y cognitiva. En su investigación, utiliza la teoría de la información y la teoría de grafos para caracterizar lo que hace el cerebro cuando está consciente y lo que cambia cuando no lo está. Antes de venir a Berkeley, Daniel estudió filosofía y neurociencia en la Universidad de Princeton. Sus otros escritos científicos se pueden encontrar en las siguientes redes sociales: Instagram: @the_brain_scientist, Twitter: @daniel_toker, Website: danieltoker.com.

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    Daniel Toker is a neuroscience PhD student at the University of California, Berkeley, specializing in computational and cognitive neuroscience. In his research, he uses information theory and graph theory to characterize what the brain is doing when it's conscious, and what changes when it's not. Before coming to Berkeley, Daniel studied philosophy and neuroscience at Princeton University. His other science writing can be found on the following social media platforms: Instagram: @the_brain_scientist, Twitter: @daniel_toker, Website: danieltoker.com.

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Daniel Toker is a neuroscience PhD student at the University of California, Berkeley, specializing in computational and cognitive neuroscience. In his research, he uses information theory and graph theory to characterize what the brain is doing when it's conscious, and what changes when it's not. Before coming to Berkeley, Daniel studied philosophy and neuroscience at Princeton University. His other science writing can be found on the following social media platforms: Instagram: @the_brain_scientist, Twitter: @daniel_toker, Website: danieltoker.com.

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