Cómo dar gracias como un neurocientífico

Artículo original: How to Give Thanks Like a Neuroscientist Anita

Traducido por Mariangelina Martínez

Estamos rumbo a una reunión familiar tradicional de acción de gracias. Vamos conduciendo por una calle conocida, localizamos una casa conocida y nos estacionamos en un lugar conocido.

Gracias, hipocampo, por codificar obedientemente la calle Wisteria, la casa estilo colonial de color azul claro y el estacionamiento al lado del roble siniestro hace casi veintiocho años.  ¡Te debemos una!

Espera un minuto. ¿De quien es ese carro descapotable nuevo frente a la casa? Hipocampo, recuérdanos a averiguarlo.


Salimos del carro y notamos que nuestros vecinos todavía tienen sus calabazas de la noche de brujas expuestas.

¡Qué asco! se ven horrendas. Bueno por lo menos podemos discernir «caras» en esos tallados horribles y decrépitos. Gracias giro fusiforme.

Rápidamente tomamos una foto y se la mandamos a nuestro compañero de cuarto acompañada de un emoji de una carita carcajeando.

De nuevo, gracias querido giro fusiforme por ayudarnos a comprender el mundo de los emojis, con sus doscientos setenta y nueve motivos diferentes. Has revolucionado la manera de mandar mensajes de texto.


En cuanto llegamos y abrimos la puerta podemos oler el delicioso aroma que viene de la cocina. ¡Ah! Sentimos el olor a torta de calabaza.

Guau, neuronas receptoras olfativas, ¡pasaron de transducir los olores al bulbo olfativo a que mi estómago rugiera en un instante!  Gracias. Ahora sí tenemos que comer. 


Contemplamos fijamente el magnífico despliegue de comida sobre la mesa.  Pero esta noche, decidimos comer con moderación. No importa cuan deliciosa esté la comida, nosotros, como humanos altamente evolucionados, tenemos la capacidad de suprimir impulsos.

Gracias corteza prefrontal por ser nuestro coordinador ejecutivo, empeñado y elegante. Tus decisiones nos han salvado de muchas situaciones bochornosas, especialmente cuando se trata de comida gratis. 


La salsera, ovalada y curvilínea, descansa con orgullo junto al pavo, cumpliendo su única responsabilidad en el día de acción de gracias. Siempre nos hemos reído de su forma extraña.

Oye, corteza visual, gracias por tu circuito ventral por ayudarnos a identificar figuras. Definitivamente nos preguntan «qué» mucho, pero nunca con malicia. 


Nuestros pantalones se sienten más estrechos, pero seguimos embutiéndonos del suave y cremoso puré de papas.

¡No podemos parar! ¡Esto está riquísimo!

Felicidades. Hemos caído en la trampa seductora de esa coqueta neural, el área tegmental ventral. Tiene el potencial (eléctrico) de hacernos sentir bien amados, recompensados y adictos.

¡Gracias, gracias y no me importa!

Mientras tanto, la corteza prefrontal nos mira con total desaprobación.

¡Pst! chisme cerebral: Desde que nos propusimos perder peso a principios de año, la imperturbable corteza prefrontal ha mantenido una relación compleja con la voraz área tegmental ventral.


Entre el chasquido de tenedores y platos, nuestra tía interrumpe el momento íntimo que gozábamos con la torta de calabaza con lo siguiente: «Dime, ¿cuándo vas a graduarte y conseguir un trabajo “de verdad”?».

¿Queeé? ¿De dónde salió esto?

Nuestra amígdala, siempre alerta, detecta angustia e incita al hipotálamo para tantear una repuesta de lucha o huida. Nuestros ojos se agrandan. Nuestro corazón late más rápido.

Pero hay que ser sinceros. Estamos demasiado llenos para pelear. Estamos demasiado llenos para huir.

La amígdala toma nota: No le temamos a preguntas indeseadas sobre nuestra carrera. Especialmente cuando estamos comiendo el postre. 


Nuestra mente se distrae y nos acordamos de un manuscrito que está bajo revisión.

[En la voz del revisor] Les faltó dar gracias por el tronco encefálico.
¿En serio? ¿Por qué deberíamos de hacerlo?
[En la voz del revisor] Porque nadie se mete con el Señor Tronco Encefálico. Simplemente todos estamos contentos de tener su apoyo y poder citarlo.
Veo que tienes el atrevimiento de mencionar al gran señor y jefe Tronco Encefálico.
[En la voz del revisor] Sí, los nervios craneanos III – IX para ser exactos.

Nuestro manuscrito corregido ahora lee:  Estoy extremadamente agradecido por el tronco encefálico. 


Son las 10:30 de la noche. Tratamos de mantener los ojos abiertos, pero la idea de acurrucarnos en la cama se hace llamativa. Oh, el dulce alivio de la melatonina. Qué sueño.

Gracias, núcleo supraquiasmático. Buenas noches.

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Escrito por Anita
Imagen por Jooyeun Lee
Traducido por Mariangelina Martínez

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Referencias:

Este Articulo originalmente apareció en PLOS Neuro Community

Autor

Anita

Anita conoció la neurociencia durante su proyecto universitario, y fue un amor a primera vista. Mientras se licenciaba en biotecnología en el colegio de ingeniería B.M.S. de Bangalore, tuvo la oportunidad de aprender sobre la subtipificación bioquímica como método para descubrir biomarcadores en los trastornos del neurodesarrollo. Luego obtuvo su maestría en Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad del Sur de California (USC). Durante su trabajo de tesis, su interés por la neurociencia traslacional evolucionó aún más al estudiar una vía de quinasa (PI3K) altamente implicada en el autismo. Actualmente pertenece al programa doctoral de Neurociencia de USC y estudia los componentes de la barrera hematoencefálica y su integridad en modelos animales de trastornos neurológicos. Fuera del laboratorio, Anita se apasiona por la narración educativa y científica. También le interesan la psicología y el comportamiento del consumidor.

Traductor

Mariangelina Martínez

Anita

Anita met neuroscience during her undergraduate project, and it was love at first sight. While majoring in biotechnology at the B.M.S. College of Engineering, Bangalore, she had the opportunity to learn about biochemical subtyping as a method for biomarker discovery in neurodevelopmental disorders. She then pursued a Master’s in Biochemistry and Molecular Biology at USC. During her thesis project, her interest in translational neuroscience further evolved as she studied a kinase pathway (PI3K) highly implicated in autism. She currently belongs to the Neuroscience Graduate Program at USC and works on components of the blood-brain barrier and its integrity in animal models of neurological disorders. Outside the lab, Anita is very enthusiastic about educational and scientific storytelling! Some of her parallel interests include consumer psychology and behavior.

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