¿Decisión final? Por qué el cerebro sigue cambiando de opinión

Artículo original: Final Decision? Why the Brain Keeps on Changing its Mind Stephen Fleming

Traducido por Dalí Jiménez

Benjamin Franklin dijo una vez: «Hay tres cosas muy duras: el acero, un diamante y conocerse a sí mismo». Cada decisión que tomamos, desde la localización del origen de un sonido tenue hasta la elección de un nuevo trabajo, viene con un grado de confianza de que hemos tomado la decisión correcta. Si el nivel de confianza es lo suficientemente bajo, podríamos cambiar de opinión y revertir nuestra decisión. Ahora los científicos están utilizando estos cambios de preferencia para estudiar los primeros indicios del autoconocimiento.  Resulta que los cambios de idea reflejan un proceso minuciosamente ajustado para controlar nuestra corriente de pensamientos.t

Hay dos escuelas de pensamiento sobre el tema de lo que significa conocerse a sí mismo – y cómo los cambios de idea juegan un papel. Una sugerencia es que los cambios de opinión se producen porque seguimos sopesando la evidencia después de haber tomado una decisión, en un proceso debidamente llamado «acumulación de pruebas después de la decisión». Una idea alternativa es que el cerebro corrige activamente sus errores al poner en marcha mecanismos adicionales después de decidir un curso de acción. Las personas que tienen lesionada la región frontal del cerebro pueden ser incapaces de automonitorearse e identificar los errores que han cometido.

Un par de estudios recientes, cada uno de los cuales pide a los participantes que valoren rápidamente algo que vieron en una pantalla, iluminan el modo en que controlamos nuestros pensamientos internos y cómo ocurre la autocorrección.

En uno de los estudios, investigadores de la Universidad de Cambridge, la Universidad de Columbia y la Universidad de Nueva York les pidieron a los voluntarios que decidieran si un conjunto de puntos parpadeantes se desviaba hacia la izquierda o hacia la derecha moviendo una palanca en la dirección correspondiente. Simultáneamente, los voluntarios podían indicar el nivel de confianza en su decisión moviendo la palanca hacia arriba o hacia abajo. En cuanto los participantes movían la palanca, los puntos en cuestión desaparecían.

La mayor parte del tiempo, los voluntarios respondieron moviendo la palanca directamente en la dirección escogida – arriba a la derecha, abajo a la derecha, arriba a la izquierda o abajo a la izquierda. Pero de vez en cuando, los voluntarios cambiaban su elección de dirección y su nivel de confianza, a mitad de camino. ¿Qué estaba sucediendo? Al comparar estos patrones de comportamiento con las predicciones de un modelo informático, los investigadores encontraron pruebas de que cambiamos de opinión de forma ascendente (es decir, información sensorial entrante que asciende hacia el sistema nervioso central para causar cambios comportamentales). Incluso cuando los puntos ya no eran visibles en la pantalla, los sujetos siguieron acumulando información en sus canales neurales, provocando cambios en su decisión, en su grado de confianza o en ambos.

Un segundo equipo, del Trinity College en Dublín y la Universidad de Leiden en los Países Bajos, ha sugerido otro mecanismo de cómo funciona esto: de forma descendente (es decir, el sistema nervioso central produce cambios comportamentales directamente). Aquí, los voluntarios fueron equipados con gorras de electroencefalografía para medir la actividad eléctrica del cerebro, y luego se les pidió que presionaran un botón cada vez que una palabra nombrando un color, como «rojo», apareciera en la pantalla del ordenador (computadora). Sin embargo, se les indicó que no presionaran el botón si la palabra se repetía dos veces, o si el significado de la palabra y el color de la fuente coincidían (por ejemplo, «rojo» escrito en texto rojo). Esta es una tarea difícil de realizar rápidamente, y en promedio se cometieron errores en el 43% de las pruebas. Para evaluar el automonitoreo, los voluntarios presionaron un botón distinto si se daban cuenta de que habían cometido un error.

Entonces, ¿qué encontraron los investigadores? Una señal de la región centroparietal del cerebro, conocida por integrar la información sensorial, aumentó hasta un nivel umbral después de tomar una decisión, lo que indica que el mismo mecanismo que utilizamos para percibir los acontecimientos externos se activa al reflexionar sobre las decisiones internas. Curiosamente, los investigadores también detectaron ondas theta en la corteza frontal cada vez que se detectaban errores. Este hallazgo sugiere que una señal de error «rápida y superficial» en la corteza frontal puede impulsar la acumulación continua de pruebas para determinar si se justifica un cambio de opinión.

Ambos estudios confirman la importancia de la evidencia acumulada después de que se haya tomado una decisión, pero divergen sobre la fuente de esta evidencia. El grupo de Cambridge sugiere que la evidencia se acumula continuamente de un flujo entrante de información antes y después de tomar una decisión.  Por el contrario, el grupo del Trinity College sugiere que las señales descendientes – información que se retroalimenta para influir en las etapas anteriores del procesamiento – proporcionan una entrada adicional para permitir los cambios de opinión.

Las diferencias en el diseño de los dos estudios podrían limitar el alcance de la comparación de sus resultados, lo que sugiere que las investigaciones futuras deberían combinar los enfoques para obtener resultados más definitivos. Por ejemplo, sería interesante monitorizar el electroencefalograma durante experimentos como los que se realizan en Cambridge para establecer las contribuciones relativas de las influencias ascendentes y descendentes cuando se cambia de decisión.

Los psicólogos han estado interesados durante mucho tiempo en la metacognición – la capacidad de reflexionar y evaluar nuestros propios pensamientos y comportamientos.  Es probable que la base neural de la metacognición sea compleja y multifacética, pero los estudios en cuestión revelan que las decisiones simples proporcionan un buen punto de partida. Más de 200 años después de la muerte de Franklin, ahora sabemos que el acero y los diamantes están compuestos de bloques atómicos y moleculares más sencillos. Al estudiar la dinámica de las decisiones simples, podríamos llegar a descubrir los componentes básicos de su tercera sustancia dura, el autoconocimiento.

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Escrito por Stephen Fleming
Imagen por Jooyeun Lee
Traducido por Dalí Jiménez

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Este artículo se publicó originalmente en Aeon y se ha publicado de nuevo bajo Creative Commons.

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Autor: Stephen Fleming, Traducido por Dalí Jiménez

Stephen M. Fleming es un investigador principal asociado en el Wellcome Trust Centre para la Neuroimagenología, de la University College London donde lidera el grupo de metacognición. La investigación de este grupo se centra en los mecanismos subyacentes a la consciencia, la metacognición y la toma de decisiones en el cerebro adulto humano.

Stephen Fleming

Stephen M Fleming is a Principal Research Associate at the Wellcome Trust Centre for Neuroimaging, University College London where he leads the Metacognition Group. The group’s research focuses on the mechanisms supporting conscious awareness, metacognition and decision-making in the adult human brain.

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