El legado epigenético del trauma

Artículo original: The Epigenetic Legacy of Trauma Eric Harvey

Traducido por Reyna Ediss

La tarde del 9 de noviembre de 1938 comenzó con la solemnidad típica del otoño para muchos judíos que vivían en Alemania: cerrando sus tiendas y negocios, regresando a casa de la escuela y preparando las cenas familiares. Terminaría con terror, ya que las muchedumbres saquearon los comercios, asaltaron a los judíos en la calle e incendiaron sus hogares.  Esa terrible noche sería conocida luego por los escombros resplandecientes, producto de los escaparates destrozados, que recubrían las calles: «Kristallnacht.»

Kristallnacht, y las posteriores atrocidades del holocausto en Alemania contra los judíos, cambió el mundo. De ahí en adelante se tuvo que reconocer para siempre un crimen sorprendente y aborrecible. Las sociedades experimentarían cambios duraderos, tratando de evitar tales crímenes y las propias víctimas, tristemente, sufrirían impactos psicológicos a largo plazo.

Décadas más tarde, en la Escuela de Medicina Icahn en la ciudad de Nueva York, la Dra.  Rachel Yahuda y sus colegas están tratando de entender que tan profundas y perdurables han sido esas consecuencias. Fue rápidamente evidente para las comunidades médicas y científicas que los sobrevivientes del holocausto sufrieron lo que ahora se conoce como trastorno por estrés postraumático (TEPT), plagados de síntomas de ansiedad y depresión en la adultez.  Sorprendentemente, investigaciones posteriores mostraron que incluso sus hijos eran más propensos a sufrir TEPT.

La Dra. Yahuda pensó que el campo emergente de la epigenética podría esclarecer esos efectos.  La epigenética estudia cómo nuestras células modifican el código genético que todos heredamos de nuestros padres.  Nuestros genes, codificados en el ADN, son instrucciones para producir proteínas, las herramientas utilizadas por nuestras células para realizar sus trabajos. Todas nuestras células tienen el mismo ADN y por lo tanto tendrán los mismos genes para toda la vida.  El trabajo de una célula requiere especialización—las células oculares necesitan atrapar luz y las células cardiacas necesitan flexionarse rítmicamente— y necesita adaptarse a través del tiempo—las células jóvenes necesitan crecer y las células maduras necesitan responder al daño.  Para adaptarse de estas maneras, las células necesitan diferentes herramientas, lo que a menudo significa adaptar sus códigos genéticos. Para lograr estas adaptaciones, una célula puede añadirle grupos funcionales químicos específicos a su ADN, sustancias químicas que aceleran o ralentizan los procesos de lectura del código y la producción de proteínas.  Por ejemplo, digamos que una célula cerebral necesita producir una nueva conexión con su vecina, necesitará producir nuevas proteínas estructurales como andamiaje.  Para hacerlo, puede adherir grupos funcionales químicos al gen de la proteína estructural para acelerar la producción.

¿Podría el trauma dejar cambios duraderos en nuestro código genético? ¿Podrían esos cambios ser transmitidos de alguna manera a nuestros hijos?

Para responder a estas preguntas, la Dra. Yahuda examinó muestras de sangre de sobrevivientes del holocausto y sus hijos, comparándolas con las de judíos de edades comparables que no habían padecido el holocausto, ya que vivían fuera de Alemania en ese momento.  Se centraron en un gen, FKBP5, que regula la respuesta del cerebro al estrés y escanearon ese gen para detectar la presencia de un cambio específico en el código genético, la metilación. La metilación, o el agregar un grupo metilo al ADN, es una modificación común que reduce la expresión de proteínas a partir de un gen.

Notablemente, mucho después del evento traumático, las víctimas e incluso sus hijos, llevaban dichas marcas en su ADN. Los investigadores encontraron que la metilación era mayor en los sobrevivientes del holocausto que en los individuos del grupo control. Sorprendentemente, encontraron que la metilación era menor en los hijos de los sobrevivientes del holocausto, en comparación a los individuos del grupo control. Así que, el gen fue marcado para una expresión reducida en las víctimas y una mayor expresión en sus hijos.

Cómo estas diferencias en la expresión impactan a la psique de las víctimas y de sus hijos, queda para resolver.  ¿Producen las células cerebrales de una víctima de trauma menos proteína FKBP5, y por lo tanto tiene sistemas de estrés más sensibles? ¿Tienen los hijos de estas víctimas demasiada FKBP5 que interfiere con algún equilibrio necesario? Estas preguntas tentativas y especulativas requerirán más investigación. Pero estos resultados abren un nuevo camino hacia el tratamiento del TEPT e iluminan la intensidad del impacto del trauma, percolando hasta nuestros genes y a través del tiempo.

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Escrito por Eric Harvey Traducido por Reyna Ediss

Imagen por Leslee Lazar 

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Este artículo fue realizado en colaboración con Psychology in Action 

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Referencias:

Yehuda, R., Schmeidler, J., Wainberg, M., Binder-Brynes, K., & Duvdevani, T. (1998). Vulnerability to posttraumatic stress disorder in adult offspring of Holocaust survivors. American Journal of Psychiatry.

Yehuda, R., Daskalakis, N. P., Bierer, L. M., Bader, H. N., Klengel, T., Holsboer, F., & Binder, E. B. (2015). Holocaust exposure induced intergenerational effects on FKBP5 methylation. Biological psychiatry.

Autor

Eric Harvey

Eric es un estudiante doctoral de tercer año que estudia la epigenética de la memoria y el abuso de drogas.  Antes de comenzar su doctorado, sirvió en el ejército por 8 años.  Su comida favorita es el ramen, su comida menos favorita es la tortilla (omelette) y cree que Chris Farley fue el mejor actor que salió de Saturday Night Live.

Traductor

Reyna Ediss

Eric Harvey

Eric is a 3rd year graduate student studying epigenetics of memory and drug abuse. Before graduate school he served in the army for 8 years. His favorite food is ramen, his least favorite food is omelettes, and he thinks Chris Farley was the best actor to come out of Saturday Night Live.

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