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Cuando el cerebro usa Twitter: La neurociencia de las redes sociales

Artículo original: This is Your Brain on Twitter: The Neuroscience of Social Media, Carolyn Amir

Traducido por Claire Saguy

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¿Cómo han cambiado nuestras vidas con el internet? ¿Cómo han cambiado con las redes sociales? Para muchas personas, las redes sociales representan, además de la facilidad en la comunicación entre antiguos amigos, diferentes maneras de informarse sobre las últimas noticias como también de organizar eventos sociales. Si bien es cierto que nos permiten estar conectados, ¿será que las redes sociales también han cambiado nuestros cerebros? Las redes sociales no sólo activan las regiones del cerebro que regulan la recompensa, la atención, la cognición social y el procesamiento de memoria sino que las alteran también.

Los humanos desean la aceptación y en la era del Internet, lo suelen buscar en línea. Cuando vemos una imagen con muchos «me gusta», se activan las zonas del cerebro relacionadas a la recompensa, la cognición social y el procesamiento visual. Esta reacción se amplifica cuando los «me gusta» se otorgan al contenido del mismo espectador. Recibir «me gusta» sirve como una recompensa social para el creador del contenido, y, al igual que ver fotos con muchos «me gusta», estimula las regiones cerebrales que procesan la sensación de recompensa.

Se activan los mismos circuitos tanto cuando damos retroalimentación en línea como cuando recibimos un comentario positivo en las redes sociales. Cuando vemos una publicación que ha recibido muchos «me gusta», no solo producimos respuestas más grandes en las regiones de nuestros cerebros que procesan la sensación de recompensa, sino que también tenemos una más alta probabilidad de agregar un «me gusta» nosotros mismos. Administrar los «me gusta» provoca más activación de los circuitos de socialización y recompensa. Aunque el atractivo de la publicación en sí es importante en este estudio, no es suficiente para explicar estos cambios. Según un estudio de 2018 de Sherman et al., la activación puede atribuirse, en parte, a la cognición referencial, lo que significa pensar en cómo se sentirían los demás al recibir un «me gusta» y en nuestra posición social en relación al creador. Es lógico y adaptativo que la retroalimentación social positiva sea una recompensa, pues promueve la cohesión y colaboración social, como también el mantenimiento de las relaciones.

«Es lógico y adaptativo que la retroalimentación social positiva sea una recompensa, pues promueve la cohesión y colaboración social, como también el mantenimiento de las relaciones.»

Existe alguna evidencia que la decisión de dar o no un «me gusta» a una publicación está relacionada con el procesamiento social implícito en vez de explícito. El mismo estudio de 2018 que hicieron Sherman et al. demuestra que las regiones del cerebro relacionadas con las respuestas autonómicas, la consciencia interoceptiva y el procesamiento implícito y emocional, fueron activadas cuando se contemplaba poner un «me gusta» a una publicación. Además, los participantes reportaron haber usado su «instinto» cuando tomaban estas decisiones.

A pesar de brindar experiencias gratificantes, la participación en las redes sociales también puede ser un castigo, ya que los adolescentes y adultos jóvenes son particularmente sensibles al rechazo.

El acoso cibernético, incluso si sólo se simula en condiciones de laboratorio, conduce no sólo a sentimientos negativos, sino también a una mayor actividad en regiones que indican un mayor estado de atención y afecto negativo. Además, los estudios en adolescentes mostraron que la corteza cingulada anterior subgenual, una región también implicada en la depresión, se activaba durante el rechazo social en línea (Masten 2009; Crone 2018).

Los compañeros se socializan a las normas a través del modelaje social y el refuerzo de conductas apropiadas (Brown 2008). En el contexto de este marco de socialización, las publicaciones en las redes sociales pueden servir como modelaje social, mientras dar “me gusta” puede servir como acción de refuerzo. Esto está respaldado en parte por estudios que piden que cada participante califique productos antes y también después de ver las calificaciones que los demás participantes le habían otorgado a los mismos productos. Los usuarios suelen ajustar sus calificaciones a la norma al ver las preferencias de los demás. De la misma manera, los usuarios de las redes sociales se adaptan a las normas en línea. La activación en las regiones del cerebro involucradas en la detección de violación de normas estaba curiosamente correlacionada tanto con el ajuste a la retroalimentación de los compañeros como con las calificaciones no coincidentes (Crone 2018). Esta retroalimentación de compañeros también puede ser problemática: las niñas son especialmente sensibles a la presión en cuanto a la imagen corporal, y las mismas respuestas de violación de normas suceden en respuesta a las imágenes corporales no normativas (van der Meulen 2017).

«Si bien el uso de las redes sociales puede ser gratificante, también existen graves escollos asociados al uso excesivo de las mismas, cuyas consecuencias son más dañinas para las mujeres, los adolescentes y los jóvenes adultos.»

Si bien el uso de las redes sociales puede ser gratificante, también existen graves escollos asociados al uso excesivo de las mismas, cuyas consecuencias son más dañinas para las mujeres, los adolescentes y los jóvenes adultos. El uso excesivo de las redes sociales, a veces denominada adicción a las redes sociales, se puede asociar con déficits cerebrales estructurales, incluidos cambios en la materia blanca (He, 2018) y anomalías en la materia gris en las regiones generalmente relacionadas a la adicción (Turel, 2018). En términos funcionales, los patrones neurales en las personas que padecen del uso excesivo de las redes sociales se asemejan a esos observados en la toxicomanía y en la adicción al juego (Turel 2014). En términos comportamentales, el uso excesivo de internet se asocia con una amplia gama de déficits en la atención, el procesamiento de recompensa, el funcionamiento social y el procesamiento de la memoria. El fácil acceso a múltiples fuentes de información y a un mundo social en línea que ofrece una alternativa al «mundo real» ha introducido la posibilidad de que las redes sociales impacten nuestros procesos cognitivos de «maneras imprevistas» (Firth, 2019).

Para mantenernos conectados en línea, las redes sociales dependen de la tendencia del cerebro a respaldar creencias anteriores. El artículo seminal de Colleani de 2014 mapeó la orientación política de los usuarios de Twitter a través de las redes sociales usando macrodatos. Mostró cómo la información se mueve a través de nuestras redes sociales y demostró la amplia preferencia por la distribución intra-grupal de información. Es más probable que se nos muestre contenido al que ya estamos inclinados.

Por lo tanto, no son únicamente nuestros compañeros los que influyen en nuestro comportamiento a través de la interacción indirecta en línea, sino también el algoritmo de una plataforma determinada al exponernos a contenido y marcas a las que ya estamos predispuestos a favorecer. Mientras estemos conectados, nuestros cerebros seguirán siendo susceptibles no solo a lo que estamos viendo, sino también a cómo somos vistos en línea.

«Mientras estemos conectados, nuestros cerebros seguirán siendo susceptibles no solo a lo que estamos viendo, sino también a cómo somos vistos en línea.»

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Escrito por Carolyn Amir
Ilustrado por Sumana Shrestha
Editado por Zoe Guttman, Caitlin Goodpaster, y Lauren Wagner
Traducido por Claire Saguy
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Referencias

Brown, B. B., Bakken, J. P., Ameringer, S. W., & Mahon, S. D. (2008). A comprehensive conceptualization of the peer influence process in adolescence. Understanding peer influence in children and adolescents, 13, 17-44.

Colleoni, E., Rozza, A., & Arvidsson, A. (2014). Echo chamber or public sphere? Predicting political orientation and measuring political homophily in Twitter using big data. Journal of communication, 64(2), 317-332. https://doi.org/10.1111/jcom.12084

Crone, Eveline A., and Elly A. Konijn. “Media use and brain development during adolescence.” Nature communications 9, no. 1 (2018): 1 10. https://doi.org/10.1038/s41467-018-03126-x

Firth, J., Torous, J., Stubbs, B., Firth, J. A., Steiner, G. Z., Smith, L., … & Sarris, J. (2019). The “online brain”: how the Internet may be changing our cognition. World Psychiatry, 18(2), 119-129. https://doi.org/10.1002/wps.20617

Masten, C. L., Eisenberger, N. I., Borofsky, L. A., Pfeifer, J. H., McNealy, K., Mazziotta, J. C., & Dapretto, M. (2009). Neural correlates of social exclusion during adolescence: understanding the distress of peer rejection. Social cognitive and affective neuroscience, 4(2), 143-157. https://doi.org/10.1093/scan/nsp007

Sherman, L. E., Payton, A. A., Hernandez, L. M., Greenfield, P. M., & Dapretto, M. (2016). The power of the like in adolescence: Effects of peer influence on neural and behavioral responses to social media. Psychological science, 27(7), 1027-1035. https://doi.org/10.1177/0956797616645673

Sherman, L. E., Hernandez, L. M., Greenfield, P. M., & Dapretto, M. (2018). What the brain ‘Likes’: neural correlates of providing feedback on social media. Social cognitive and affective neuroscience, 13(7), 699-707. https://doi.org/10.1093/scan/nsy051

Turel, O., He, Q., Xue, G., Xiao, L., & Bechara, A. (2014). Examination of neural systems sub-serving Facebook “addiction”. Psychological reports, 115(3), 675-695. https://doi.org/10.2466/18.PR0.115c31z8

Turel, O., He, Q., Brevers, D., & Bechara, A. (2018). Delay discounting mediates the association between posterior insular cortex volume and social media addiction symptoms. Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience, 18(4), 694-704. https://doi.org/10.3758/s13415-018-0597-1

van der Meulen, M., Veldhuis, J., Braams, B. R., Peters, S., Konijn, E. A., & Crone, E. A. (2017). Brain activation upon ideal-body media exposure and peer feedback in late adolescent girls. Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience, 17(4), 712-723. https://doi.org/10.3758/s13415-017-0507-y

Zhou, F., Montag, C., Sariyska, R., Lachmann, B., Reuter, M., Weber, B., … & Becker, B. (2019). Orbitofrontal gray matter deficits as marker of Internet gaming disorder: converging evidence from a cross‐sectional and prospective longitudinal design. Addiction biology, 24(1), 100-109. https://doi.org/10.1111/adb.12570

 

 

Author

  • Carolyn Amir

    Carolyn Amir es una estudiante doctoral en UCLA en el laboratorio de Carrie Bearden. Su investigación actual se central en el uso de métodos genéticos y de neuroimagen para estudiar el cerebro humano y el comportamiento en trastornos psiquiátricos y del desarrollo. Antes de llegar a UCLA, Carolyn trabajó en el Instituto Nacional de Salud Estadounidense (NIH, por sus siglas en inglés), donde estudió el dolor en humanos, la medicación y la expectativa. Tiene una licenciatura en ciencias psicológicas y del cerebro de la Universidad de Boston, lugar donde usó la electroencefalografía y la estimulación cerebral para examinar los efectos de la neuromodulación en tanto pacientes como en personas sanas. Cuando no está en el laboratorio, Carolyn disfruta el camping, el senderismo, y descansar en la playa.

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Carolyn Amir

Carolyn Amir es una estudiante doctoral en UCLA en el laboratorio de Carrie Bearden. Su investigación actual se central en el uso de métodos genéticos y de neuroimagen para estudiar el cerebro humano y el comportamiento en trastornos psiquiátricos y del desarrollo. Antes de llegar a UCLA, Carolyn trabajó en el Instituto Nacional de Salud Estadounidense (NIH, por sus siglas en inglés), donde estudió el dolor en humanos, la medicación y la expectativa. Tiene una licenciatura en ciencias psicológicas y del cerebro de la Universidad de Boston, lugar donde usó la electroencefalografía y la estimulación cerebral para examinar los efectos de la neuromodulación en tanto pacientes como en personas sanas. Cuando no está en el laboratorio, Carolyn disfruta el camping, el senderismo, y descansar en la playa.