Knowing Neurons
¿Sabías que…?LenguajeSensación y percepción

El Lenguaje: Nuestra conexión a los demás

Artículo original: Language: Your Connection to Others, Kayleen Schreiber

Traducido por Ángela Hernández

~~~

Imaginemos un mundo donde no pudiéramos comunicarnos con otros humanos. El lenguaje es un aspecto crítico de la vida y, probablemente, uno de los estudios académicos más antiguos del mundo. De hecho, el texto más antiguo conocido sobre la lingüística fue escrito hace más dos milenios por el erudito indio Pāṇini. Recientemente, tecnologías nuevas como la electrofisiología y la neuroimagenología, han permitido que tengamos un mejor entendimiento sobre cómo se produce y se procesa el lenguaje en el cerebro humano.

En el pasado, el estudio de lesiones era el método principal utilizado para entender cómo el cerebro produce funciones complejas. Los estudios de lesiones examinan cómo el daño a una parte específica del cerebro afecta las habilidades de un individuo. En el siglo diecinueve, un médico y científico francés llamado Pierre Paul Broca estudió a dos pacientes quienes no podían hablar, pero si comprendían lo que se les decía. Este trastorno es un tipo de afasia, una condición médica donde la persona tiene dificultad con el habla.

Ambos pacientes solo podían modular unas pocas palabras. Después de morirse, las autopsias revelaron que ambos tenían un daño cerebral en una área similar dentro del lóbulo frontal izquierdo. Esta área del cerebro era aparentemente esencial en el control de la función de la lengua. Esta parte del cerebro se ha llegado a conocer como el área de Broca. Cuando un paciente tiene dificultad de hablar con fluidez, pero sí comprende lo que se le dice, se llama afasia de Broca.

Similarmente, otro científico llamado Karl Wernicke notó que alguno de sus pacientes podían hablar con fluidez, pero habían perdido la habilidad de comprender el significado de las palabras. Cuando los pacientes hablaban, producían palabras y oraciones que no tenían sentido. Wernicke descubrió que un daño cerebral a una área del lóbulo temporal izquierdo era el que causaba estos síntomas, y llamó a este trastorno la afasia de Wernicke. Estos dos descubrimientos fueron muy importantes, porque revelaron que partes diferentes del cerebro llevan a cabo funciones específicas y también identificaron que los lóbulos frontal y temporal izquierdos son especialmente importantes para la función del lenguaje.

Sin embargo, conforme la tecnología mejora, los científicos han podido entender mejor las sutilezas del lenguaje en el cerebro humano. Un ejemplo de esta tecnología incluye pacientes que llegan al hospital con epilepsia intratable: la epilepsia que no se puede controlar con medicamentos. Cuando los pacientes tienen varias convulsiones al día, un proceso drástico pero en ocasiones necesario es realizar una cirugía para remover la parte del cerebro que es responsable de las convulsiones.

Para identificar esta área con exactitud, los pacientes pasan por una cirugía donde se les ponen electrodos en la superficie del cerebro y, después, se quedan en el hospital por una a dos semanas mientras que los electrodos registran la actividad eléctrica del cerebro. Durante este tiempo, si el paciente desea, los científicos pueden proporcionar sonidos o videoclips cortos, mientras que los electrodos siguen registrando la actividad cerebral. Este tipo de experimento se conoce como electrocorticografía. Este procedimiento permite que los científicos adquieran información increíblemente detallada sobre cómo diferentes partes específicas del cerebro responden al habla y qué papel tienen en la percepción y producción del habla.

Presumiblemente, el aspecto más admirable sobre el lenguaje es cómo se desarrolla. Por muchos años, los científicos creían que el habla y el lenguaje estaban “integrados” o genéticamente programados. Su justificación se basaba en que los niños aprenden el lenguaje rápidamente y sin gran esfuerzo desde muy pequeños. Cuando los niños tienen alrededor de dos años, aprenden hasta diez palabras al día. Aunque todavía no entendemos enteramente cómo los niños adquieren el lenguaje tan rápido, los científicos creen que no hay procesos específicos al lenguaje que se requieren para aprender a hablar. En lugar de esto, probablemente se utilizan procesos como el aprendizaje Hebbiano para desarrollar el lenguaje. El aprendizaje Hebbiano describe que cuando dos neuronas son activadas a la par, su conexión se hace más fuerte con el tiempo.

“Cuando los niños tienen alrededor de dos años, aprenden y agregan hasta diez palabras al día a su vocabulario.”

Este concepto también se puede aplicar al aprendizaje de palabras. Por ejemplo, pensemos en una madre tratando de enseñarle a su hijo la palabra “pelota.” La madre puede estar señalando a una pelota, pero ¿cómo sabe el hijo a qué se está refiriendo su madre? La madre podría estar refiriéndose al color de la pelota, una parte de la pelota, al piso, o al juguete que está al lado de la pelota… Parece un problema imposible. Sin embargo, cuando analizamos el aprendizaje que ocurre por etapas, nos damos cuenta de que hay otro detalle importante.

La primera vez que un niño escucha la palabra “pelota” y mira a la madre señalando a la pelota, el niño o la niña no sabe qué significa. Pero con el tiempo, el niño escucha la palabra “pelota” y ve una pelota varias veces. El color de la pelota puede ser diferente cada vez, la forma y el tamaño de la pelota pueden cambiar y los objetos alrededor pueden cambiar. Pero lo único que no cambia es que es una pelota. Después de varios intentos, el niño aprende que es una pelota. La relación entre la palabra “pelota” y el concepto de una “pelota” crece, mientras que las otras conexiones disminuyen. Esto es uno de muchos ejemplos de cómo un proceso tan simple explica un aspecto del aprendizaje del lenguaje que aparenta ser difícil.

Estos ejemplos, junto con otros experimentos y tecnologías, nos permiten comenzar a apreciar cómo el cerebro humano tiene la capacidad de entender e interpretar los sonidos complejos que conocemos como el habla.

~~~

Escrito por Kayleen Schreiber
Ilustrado por Jooyeun Lee
Traducido por Ángela Hernández

~~~

¡Conviértete un patrocinador!


Referencias

Greenlee, J. D., Behroozmand, R., Nourski, K. V., Oya, H., Kawasaki, H., & Howard, M. A. (2014). Using speech and electrocorticography to map human auditory cortex. Annual International Conference of the IEEE Engineering in Medicine and Biology Society. IEEE Engineering in Medicine and Biology Society. Annual International Conference2014, 6798–6801. https://doi.org/10.1109/EMBC.2014.6945189

Konnikova, M. (2013, February 8). The Man who couldn’t speak and how he revolutionized psychology. Scientific American.  http://blogs.scientificamerican.com/literally-psyched/the-man-who-couldnt-speakand-how-he-revolutionized-psychology/

McMurray, B., Horst, J. S., & Samuelson, L. K. (2012). Word learning emerges from the interaction of online referent selection and slow associative learning. Psychological review119(4), 831–877. https://doi.org/10.1037/a0029872

Author

  • Kayleen Schreiber

    Kayleen está obsesionada con el cerebro. Después de recibir su licenciatura en neurociencia en la Universidad de Vanderbilt, se inscribió en un programa de doctorado en neurociencia en la Universidad de Iowa. Actualmente, está estudiando cómo nuestros cerebros procesan el habla. Ella mide cambios eléctricos producidos por el cerebro para entender cómo el sexo de la persona que habla influye en cómo oímos su habla. Fuera del laboratorio, ella comparte su pasión por la ciencia con otros y a veces toca el bajón.

Kayleen Schreiber

Kayleen está obsesionada con el cerebro. Después de recibir su licenciatura en neurociencia en la Universidad de Vanderbilt, se inscribió en un programa de doctorado en neurociencia en la Universidad de Iowa. Actualmente, está estudiando cómo nuestros cerebros procesan el habla. Ella mide cambios eléctricos producidos por el cerebro para entender cómo el sexo de la persona que habla influye en cómo oímos su habla. Fuera del laboratorio, ella comparte su pasión por la ciencia con otros y a veces toca el bajón.