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El futuro prometedor de los perros de servicio en el autismo

Artículo original: The promise of Service Dogs in Autism, Caitlin Goodpaster

Traducido por Ángela Conejo-Zamora

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Estaba en mi tercer año de la licenciatura en la Universidad Estatal de Ohio cuando mi compañero de habitación me obligó a unirme a una organización llamada 4 Paws for Ability (4 Patas Capacitadas), un grupo que entrena animales de servicio para ayudar a niños discapacitados. (Solo tuve que escuchar “cachorro gratis” para estar de acuerdo). Sin embargo, mientras aprendía más sobre la organización basada en Xenia, Ohio (EE.UU.), me di cuenta de lo valioso que podría ser un perro de servicio para un niño con una discapacidad como el autismo.
El trastorno del espectro autista (TEA) fue caracterizado por primera vez en 1943 por Leo Kanner en niños que tenían deficiencias marcadas en su capacidad para relacionarse con los demás. Consideró estas deficiencias “trastornos autistas del contacto afectivo”. A lo largo de los años, el término autismo ha evolucionado para referirse a un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por medios atípicos de comunicación y problemas de comportamiento. En el año 2000 este trastorno afectaba aproximadamente a 1 de cada 150 niños en los EE.UU., con el riesgo siendo 5 veces mayor para los niños que para las niñas. El TEA se ha extendido aún más pues según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidense (CDC, por sus siglas en inglés), la prevalencia casi se ha triplicado en los últimos años. Esto probablemente se debe a la ampliación de la definición y una concienciación mayor del autismo, lo que lleva a un crecimiento en el número de diagnósticos. 3 Junto con este auge en su detección, hemos observado que la forma en que las personas dentro del espectro autista piensan, aprenden y resuelven problemas varía enormemente.

“Dado que los investigadores del autismo todavía no están seguros sobre la etiología de este trastorno, no nos debería sorprender que no haya evidencia de tratamientos terapéuticos efectivos.”

Hay niños que son sabios extremadamente dotados, mientras que otros tienen graves problemas intelectuales. Mientras la mayoría de las personas con autismo son diagnosticadas durante la infancia, aquí es donde a menudo terminan las similitudes entre los pacientes. Las diferencias en el origen, el impacto en el desarrollo y el subtipo de este trastorno conducen a una amplia variedad de síntomas.

Como es de esperar, la variedad observada en los síntomas no se puede rastrear a una causa definitiva. Se ha encontrado que muchos genes aumentan la predisposición al autismo, pero los científicos han descubierto que esto puede estar muy influenciado por factores ambientales.
Específicamente, se han encontrado entre 400 a 1000 genes que están relacionados con la susceptibilidad al TEA, regulando en gran parte vías fisiológicas similares.3 Aun así, no se ha encontrado una causa genética definitiva de esta afección del neurodesarrollo y, de hecho, no se ha identificado ninguna contribución genética para casi el 70% de los casos de autismo diagnosticados. Por ejemplo, la investigación básica en ratones ha indicado que una activación aumentada del sistema inmunitario durante el embarazo podría contribuir a los déficits en la interacción social, así como a la aparición de comportamientos estereotipados que a menudo se observan en niños con autismo. Además, la investigación en humanos ha encontrado que una infección bacteriana durante el embarazo se asocia con una mayor probabilidad de dar a luz a un niño con TEA.4 Dado que los investigadores del autismo todavía no están seguros sobre la etiología de este trastorno, no nos debería sorprender que no haya evidencia de tratamientos terapéuticos efectivos.

Un obstáculo en el desarrollo de tratamientos ha sido que los estudios de investigación destinados a buscar formas de aliviar o controlar los síntomas del TEA carecen de revisión empírica. Aunque la mayoría de los niños con autismo se someten a algún tipo de terapia conductual, no hay mucha evidencia de que esta intervención realmente funcione. Dada la variedad de síntomas y las diferencias en las necesidades de los pacientes, los estudios que valoran la eficacia de los tratamientos tienden a examinar muestras de población altamente variables, lo que reduce las magnitudes potenciales del efecto, haciéndolo difícil o imposible generar conclusiones generalizables. Además, solo dos medicamentos han sido aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) para el tratamiento del TEA: la risperidona y el aripiprazol. Pero estos medicamentos tienen tantos efectos secundarios negativos que las consecuencias de tomarlos pueden sobrepasar los beneficios que ofrecen. Sin embargo, grupos de defensa como «Autism Speaks» (El autismo habla) y la «Association for Science in Autism Treatment» (Asociación para la Ciencia en el Tratamiento del Autismo) han empezado a apoyar una nueva opción de terapia: el perro de servicio para el autismo.

“La idea de ofrecer perros como acompañantes y, con suerte, como tratamiento terapéutico se basó en la evidencia de que las interacciones sociales aumentan en humanos sanos cuando están en presencia de un perro.”

El primer perro de servicio para el autismo fue ubicado con un niño con TEA en 1997 por la organización «National Service Dogs», o Perros de Servicio Nacionales. La idea de ofrecer perros como acompañantes y, con suerte, como tratamiento terapéutico se basó en la evidencia de que las interacciones sociales aumentan en humanos sanos cuando están en presencia de un perro.2 Dado que el TEA a menudo tiene síntomas marcados por un comportamiento inapropiado hacia los demás, tiene sentido que emparejar a un niño con un perro que esté específicamente entrenado para fomentar un vínculo social pueda ayudar a los niños con autismo a transferir las habilidades sociales aprendidas con el animal a otras personas. Además, algunos niños con TEA se sienten agobiados por la estimulación del mundo exterior y tienen dificultades para procesar más de un sentido a la vez. Frecuentemente, los abrazos de los padres pueden ser sofocantes, o notar que un libro está fuera de lugar puede provocar un berrinche. Un perro puede ayudar a integrar estas experiencias sensoriales introduciendo lentamente sensaciones auditivas, visuales y somatosensoriales impredecibles que retan la capacidad del niño para responder adecuadamente a la estimulación externa, a la vez que permite la asociación con la experiencia positiva de un animal suave. Desafortunadamente, gran parte de este razonamiento se basa en historias y suposiciones anecdóticas, y no en experimentos científicamente rigurosos.

Sin embargo, existe una cantidad considerable de evidencia de que la presencia de un perro en la terapia puede reducir el déficit social observado en el TEA. Silva y sus colegas muestran que los niños con perros incorporados a su tratamiento tienen más probabilidades de responder positivamente a la terapia y muestran menos «comportamientos inapropiados» en comparación con los niños sin perros.5 Además, Becker y sus colegas concluyeron que la terapia conductual asistida por animales condujo a la mitigación de los déficit de sus habilidades sociales, comportamientos repetitivos y síntomas depresivos.1 Estos datos indican que el uso de animales de servicio como una forma de terapia conductual para el autismo podría aliviar los síntomas graves asociados con el trastorno. Futuras investigaciones deben evaluar meticulosamente los aspectos particulares del TEA que mejoran con las terapias asistidas por animales para determinar qué habilidades deben dominar los perros para ayudar eficazmente al manejo de los síntomas del autismo.

A lo largo de la historia, los animales, y los perros en particular, han evolucionado estrechamente con los humanos, y hay algo acerca de la compañía singular del «mejor amigo del hombre» que ha beneficiado mutuamente a ambas partes. Durante muchos años, los perros han estado ayudando en granjas, en el ejército y como guías para aquellos que son ciegos. Ya es hora de que reconozcamos sus habilidades únicas en función del apoyo emocional y el alivio del estrés para ayudar a las personas con enfermedades mentales. Ojalá, con un poco más de investigación y abogacía, el Firulais pueda ayudar a los niños con autismo de todo el mundo a desarrollar vidas felices y saludables.

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Escrito por Caitlin Goodpaster
Editado por Desislava NeshevaSean Noah
Ilustrado por Gil Torten
Traducido por Ángela Conejo-Zamora

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Referencias

Becker, J. L., Rogers, E. C., & Burrows, B. (2017). Animal-assisted social skills training for children with autism spectrum disorders. Anthrozoös, 30(2), 307-326.

Harrison, K. L., & Zane, T. (25 de julio del 2018). Is There Science Behind That? Autism Service Dogs. Retrieved from https://asatonline.org/for-parents/becoming-a-savvy-consumer/autism-service-dogs/

Masi, A., Demayo, M. M., Glozier, N., & Guastella, A. J. (2017). An Overview of Autism Spectrum Disorder, Heterogeneity and Treatment Options. Neuroscience Bulletin,33(2), 183-193. doi:10.1007/s12264-017-0100-y

Zerbo, O., Qian, Y., Yoshida, C., Grether, J. K., Water, J. V., & Croen, L. A. (2013). Maternal Infection During Pregnancy and Autism Spectrum Disorders. Journal of Autism and Developmental Disorders,45(12), 4015-4025. doi:10.1007/s10803-013-2016-3

Silva, K., Correia, R., Lima, M., Magalhães, A., & de Sousa, L. (2011). Can dogs prime autistic children for therapy: Evidence from a single case study. The Journal of Alternative and Complementary Medicine, June, 17(7), 655-659.

Author

  • Caitlin Goodpaster

    Caitlin Goodpaster ganó su licenciatura en la Universidad Estatal de Ohio antes de unirse al Programa de Doctorado Interdepartamental en Neurociencia de UCLA. En el laboratorio de la Dra. Laura DeNardo, estudia cómo el estrés temprano altera la circuitaría prefrontal involucrada en el comportamiento de evitación durante la adolescencia. Le apasiona comprender cómo las experiencias tempranas pueden llevar al desarrollo de comportamientos aberrantes y está motivada para eliminar el estigma que rodea a las enfermedades mentales. Fuera del laboratorio, se puede encontrar a Caitlin en una caminata, leyendo un buen libro o horneando.

Caitlin Goodpaster

Caitlin Goodpaster ganó su licenciatura en la Universidad Estatal de Ohio antes de unirse al Programa de Doctorado Interdepartamental en Neurociencia de UCLA. En el laboratorio de la Dra. Laura DeNardo, estudia cómo el estrés temprano altera la circuitaría prefrontal involucrada en el comportamiento de evitación durante la adolescencia. Le apasiona comprender cómo las experiencias tempranas pueden llevar al desarrollo de comportamientos aberrantes y está motivada para eliminar el estigma que rodea a las enfermedades mentales. Fuera del laboratorio, se puede encontrar a Caitlin en una caminata, leyendo un buen libro o horneando.