Knowing Neurons
Concurso de Ciencia Política 2023Salud mental

Establecimiento de un Marco para la Diplomacia Mundial en Salud Mental

¡GANADOR DE PRIMER LUGAR!

Memorándum de política por Manaswini Kar, Keerthana Manikandan y Jonathan Klonowski

Dado que al menos una octava parte de la población mundial vive con una enfermedad mental, el mundo corre el riesgo de una pandemia de salud mental. Ademas de ser una discapacidad, la enfermedad mental aumenta el riesgo de padecer enfermedades físicas como un ataque cardiaco, el diabetes o un derrame cerebral. Lamentablemente, nuestra comprensión de las enfermedades mentales va a la zaga de nuestra comprensión de otras enfermedades. Esto se va agravado además por la cara adicional de un estigma asociado. Por lo tanto, los esfuerzos concertados en el escenario mundial pueden desempeñar un papel fundamental en la prevención de esta crisis. Esto comienza con la expansión de los esfuerzos de la investigación internacionales para acelerar el desarrollo terapéutico y, al mismo tiempo, liderar un esfuerzo conjunto para aumentar la utilización de los recursos de la salud mental mediante la lucha contra el estigma.

La Organización Mundial de la Salud estima que al meno 12,5% de las personas padecen enfermedades mentales, lo cual las convierte en la principal causa de años vividos con una discapacidad en todo el mundo.

The World Health Organization (WHO) estimates that at least 12.5% of people suffer from mental illness, making it the leading cause of years lived with disability across the globe. Los trastornos psiquiátricos pueden manifestarse como patrones mentales o conductuales específicos que afectan el funcionamiento personal, profesional y social de las personas. Varios estudios GBD 2019 Mental Disorders Collaborators, 2022Patel, 2007 han descubierto que los problemas de salud mental son una preocupación importante no solo para los países de ingresos altos, sino también para los países de ingresos bajos y medianos (LAMICs). Estas enfermedades reducen la calidad de vida e impiden las actividades cotidianas, además de aumentar el riesgo de suicidio, autolesión y otras enfermedades, como los derrames cerebrales, los ataques cardíacos y la diabetes. Sin embargo, los estudios han descubierto que un número devastadoramente alto de pacientes de salud mental en los países de ingresos bajos y medianos no tienen acceso a tratamiento (Sweetland et al, 2014Petersen et al, 2014,). Con el aumento mundial de las necesidades de salud mental después de la COVID-19, ya es hora de dar el impulso necesario para ampliar los esfuerzos internacionales de colaboración para combatir una posible pandemia mundial de salud mental. Con este fin, establecer relaciones diplomáticas centradas en las necesidades da salud mental de la comunidad mundial puede desempeñar un papel crucial en la promoción de los esfuerzos de investigación internacionales, generando datos invaluables para el diagnóstico y el tratamiento de varias afecciones psiquiátricas esquivas. Además, invertir en el bienestar mental y social de otras naciones puede promover la estabilidad política y la estabilidad global al 1) garantizar la sostenibilidad de los mercados de exportación y 2) reducir la probabilidad de que se produzcan gobiernos radicales o actividades terroristas Estos esfuerzos proporcionarían beneficios indirectos adicionales para los Estados Unidos, incluida la comunicación de los valores estadounidenses y la creación de un poder blando a través de la construcción de relaciones. Estos esfuerzos proporcionarían beneficios indirectos adicionales para los Estados Unidos, incluida la comunicación de los valores estadounidenses y la creación de un poder blando a través de la construcción de relaciones.

Hay tres desafíos principales para promover la salud mental mundial lo cual esfuerzos globales concertados pueden abordar.

Hay tres desafíos principales para promover la salud mental mundial lo cual esfuerzos globales concertados pueden abordar:

  1. Incapacidad de los sistemas de investigación existentes para producir una comprensión efectiva de la salud mental: En las últimas décadas, el mundo ha avanzado en la comprensión de los sistemas que contribuyen a los trastornos psiquiátricos, con estudios que han realizado descubrimientos notables sobre los fundamentos sociales, biológicos y genéticos de enfermedades como la depresión (Deng et al, 2020; Nettis y Pariante, 2020 ; Nemeroff, 2020 ; Torres-Berrío et al, 2022) y la esquizofrenia (Feng et al, 2020 ; McCutcheon y otros, 2020Dennison y otros, 2020). A pesar de ello, nuestro conocimiento se ha quedado rezagado en comparación con las enfermedades de otros sistemas orgánicos, y la terapéutica farmacéutica sigue empleándose mediante prueba y error en lugar de tratamientos específicos. Estas deficiencias pueden explicarse por el hecho de que existe un desajuste fundamental entre la escala de los desafíos globales y las estructuras de financiación de la ciencia. La mayoría de las veces, los países individuales llevan a cabo la investigación de forma aislada y, históricamente, la producción ha estado restringida entre la descendencia europea del norte global (Peterson et al, 2019), y el apoyo a la cooperación científica multilateral mundial es insuficiente y fragmentado. Por ejemplo, institutos como el Centro Internacional Fogarty de los Institutos Nacionales de Salud tienen una financiación limitada para los investigadores internacionales, y la cantidad de fondos para que los investigadores basados en los Estados Unidos realicen investigaciones a nivel internacional es escasa. Además, la mayor parte del conocimiento generado por los sistemas actuales tiene un enfoque limitado, está fragmentado y compartimentado. Todos estos problemas se magnifican en la investigación sobre salud mental, donde la complejidad del cerebro, la utilidad limitada de los organismos modelo y factores adicionales, como el microbioma personal y la sociedad, crean un problema excepcionalmente complejo. 

  2. Escasez de medicamentos y profesionales en LAMICs: Los LAMIC son algunos de los más afectados por los trastornos mentales; lamentablemente, la mayoría de estos países tienen el mayor diferencial en la disponibilidad de recursos de salud mental, incluidos los fármacos psiquiátricos comunes (Rathod et al, 2017; Saxsena et al, 2007). Según la OMS, casi el 20% de los países carecen de al menos un fármaco antidepresivo, antipsicótico o antiepiléptico común en sus centros de atención primaria (McDaid et al, 2013). El acceso a los profesionales de la salud mental en los países en desarrollo también presenta un panorama igualmente desalentador, con una disponibilidad media de aproximadamente medio psiquiatra y cuatro enfermeras psiquiátricas por millón de personas en los países de bajos ingresos (Fricchione et al, 2012). demás, ofrecer recursos de salud mental como ayuda por sí solo no bastará para abordar el problema, ya que estas ofertas pueden aceptarse al azar o rechazarse rotundamente debido al estigma de la enfermedad mental (Mehta et al, 2015). Solo después de lograr avances sustanciales en la lucha contra el estigma de la salud mental en todo el mundo, podrá comenzar el desafío de diseminar eficazmente los recursos de salud mental. 

  3. Desarrollo e implementación insuficientes de políticas globales: Otro obstáculo importante para la salud mental mundial es la falta de impulso en el frente internacional. Aunque la OMS diseñó un plan integral de salud mental que establece objetivos claros para sus estados miembros, su implementación es deficiente. Un tercio de los países aún no tienen una póliza o un plan de salud mental, y casi el 40% de los países con dichas políticas no las han actualizado desde 1990 (Saxsena et al, 2007). Además, el 22% de los países no cuentan con legislación o derechos humanos relevantes para proteger a las personas con trastornos mentales (Saxsena et al, 2007). Los principales factores sociales, como el estigma, la religión, la etnia y la casta, neutralizan los impactos políticos actuales de un enfoque de arriba hacia abajo que suele emplear la ONU. 

¿Dónde puede intervenir la diplomacia de la salud mental?

La falta de urgencia expresada para abordar el tema de la salud mental se debe a una mala comprensión de las bases biológicas de la salud mental y al estigma asociado. Ya sea aceptar que la población de un país se beneficiará de atender a las personas que padecen enfermedades mentales mediante la asistencia médica, las reformas políticas o la financiación de centros de investigación para estudiar los trastornos de salud mental, abordar el estigma en torno a la salud mental y crear una base de datos integral contribuiría en gran medida a lograr mejoras. Para establecer una alianza mundial para la salud mental, proponemos tres soluciones:

La falta de urgencia expresada para abordar el problema de la salud mental se puede rastrear hasta una comprensión deficiente de las bases biológicas de la salud mental y el estigma que rodea a la salud mental.

  1. Establecer un centro de investigación multidisciplinario y internacional orientado a la misión para el tratamiento de las enfermedades mentales. Si bien factores como los diseños de investigación insuficientes y las diferentes definiciones de enfermedades entre los países (Henriksen et al, 2017) contribuyen a nuestra falta de comprensión de los trastornos psiquiátricos, la histórica falta de diversidad en las poblaciones estudiadas constituye un obstáculo importante para descubrir el panorama completo de las enfermedades mentales. Los autores de un estudio sobre la esquizofrenia, que contenía datos de una cohorte de hasta 35,500 sujetos, reconocieron que un estudio con una mayor varianza genética conduciría, en última instancia, a mejores resultados clínicamente relevantes (Donovan, 2015), lo que es solo una ilustración de muchos de estos casos. Estudios tan diversos requieren una investigación transnacional en el extranjero, que a menudo se basa en conexiones personales con científicos, gobiernos, organizaciones y comunidades locales. El establecimiento de centros y consorcios de investigación puede formalizar estas asociaciones, creando canales estructurados para la creación y expansión de la investigación. Un consorcio de investigación es un mecanismo mediante el cual muchos investigadores y organizaciones independientes se unen para realizar investigaciones bajo un modelo de gobierno estándar para abordar un conjunto común de objetivos. Se debe aprovechar la ONU para liderar una iniciativa global para formar un consorcio internacional con igual representación de cada continente. En un consorcio de este tipo, los países miembros deberían contribuir de manera equitativa a la formación y el mantenimiento del personal de investigación, la recopilación de datos, el análisis, el almacenamiento y la traducción de los hallazgos a entornos clínicos. El consorcio daría prioridad a los estudios epidemiológicos a gran escala que recopilen datos socioculturales, conductuales, fisiológicos, genéticos y epigenéticos para comprender las complejas interacciones de todos estos factores que conducen a los trastornos mentales. Los datos recopilados por los centros regionales responsables de varios institutos de investigación locales podrían luego ser destilados por un centro mundial y difundidos entre el público en general. Organizaciones de las Naciones Unidas como el PNUMA, el PNUD y la OMS han establecido con éxito precedentes organizativos a nivel mundial. Además, institutos como el Consorcio SSPSYgene, el Consorcio de Neuroinmunología de los Trastornos del Estado de Ánimo y el Consorcio de Alzheimer y el Consorcio de Genómica Psiquiátrica han sentado los precedentes científicos y los requisitos técnicos para ampliar estos esfuerzos a fin de abarcar un mayor número de trastornos en poblaciones más diversas de todo el mundo. 

Además, garantizar una representación equitativa de LAMICS entre los sujetos de investigación, los investigadores y las partes interesadas garantizaría que se planteara un conjunto diverso de antecedentes genéticos, perspectivas y necesidades (Goode y Landefeld, 2018). Esto puede conducir a un mayor rendimiento de la investigación, a la aceptación internacional y a nuevos paradigmas potencialmente innovadores sobre las enfermedades mentales.

  1. Facilitar el intercambio de conocimientos entre los investigadores y las partes interesadas mediante el aprovechamiento de las iniciativas dirigidas por el gobierno y las embajadas.Si bien la investigación puede mejorar nuestra comprensión básica de las enfermedades mentales, un impedimento importante para la utilización efectiva de dichos conocimientos es el estigma prevaleciente en torno a la salud mental, que es aún más prominente en los países en desarrollo (Lauber y Rossler, 2006; Mascayabi et al, 2015).Los países deberían aprovechar sus instituciones diplomáticas para iniciar esfuerzos para desestigmatizar la salud mental y promover la investigación en salud mental. En este enfoque «modelo», figuras públicas y comunitarias confiables y altamente respetadas servirían para inspirar a otros y hablar sobre la salud mental. En esos eventos deben distribuirse recursos específicos de la región, y los líderes comunitarios son instrumentos inestimables para difundir el conocimiento dentro de sus respectivos grupos.Facilitate knowledge exchange between researchers and stakeholders by leveraging government and embassy-led initiatives.
  2. Reasignar la asistencia médica específicamente para las necesidades de salud mental. En octubre de 2020, la OMS informó de que la salud mental recibe actualmente menos del 1% de las ayudas mundiales destinadas a la salud.  Estados Unidos es uno de los mayores donantes de ayuda mundiales con un presupuesto anual de 61 000 millones de dólares para la asistencia económica y militar a países extranjeros. Las instituciones estadounidenses, como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los Institutos Nacionales de Salud y otras, han desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de fármacos y vacunas para las enfermedades infecciosas y transmisibles, la formación del personal médico y los investigadores, y el despliegue de su propio personal médico y científicos en diferentes partes del mundo, incluidas África, América Latina y Asia Oriental. Una parte de estas instalaciones existentes se puede reutilizar fácilmente para las necesidades de salud mental. Se pueden asignar fondos y personal para capacitar a profesionales e investigadores de la salud mental, además de construir la infraestructura necesaria, por ejemplo, centros psiquiátricos e institutos de investigación en LAMICS. Además, una parte de la ayuda actual también se puede redirigir a la adquisición de medicamentos psiquiátricos para aumentar su accesibilidad en las instituciones de atención primaria de salud de estos países. 

En resumen, el mundo se encuentra actualmente al borde de una pandemia mundial de salud mental. Los trastornos mentales afectan a alrededor del 13% de la población mundial, con enormes implicaciones individuales y sociales. Por lo tanto, existe una necesidad urgente de crear un esfuerzo de colaboración internacional para combatirlos. A través de este artículo, exploramos posibles soluciones desde establecer un consorcio de investigación verdaderamente global dedicado a los trastornos mentales hasta aprovechar las relaciones diplomáticas entre los países para facilitar la difusión del conocimiento, la conciencia social y los recursos. Creemos firmemente que estos esfuerzos concertados y multifacéticos a escala mundial pueden ayudar a abordar las complejidades de la salud mental de manera oportuna.

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Escrito por Manaswini Kar, Keerthana Manikandan y Jonathan Klonowski
Editado por Kayla Lim y Honoreé Brewton

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Authors

  • Manaswini Kar

    Soy candidata a doctorado en el Centro de Neurociencia de la Universidad de Pittsburgh. Mi investigación se centra en el procesamiento de sonidos naturales en la corteza auditiva. Además de la ciencia, me encanta pasar tiempo con amigos, probar nuevas comidas, ver películas y explorar nueva música. También disfruto dibujar, asistiendo a la Ópera Sinfónica de Pittsburgh y al Ballet de Pittsburgh, y sumergiéndome en contenido de historia y antropología.

  • Keerthana Manikandan

    Soy estudiante de doctorado en Bioingeniería en la Universidad de Pittsburgh. En mi tesis, estoy estudiando las bases neurales de las redes corticales y su papel en la sensación. Obtuve mi licenciatura en ingeniería biomédica en India. Fuera del laboratorio, me encontrarás leyendo un buen libro, probando nueva comida o viendo películas nuevas.

  • Jonathan Klonowski

    Jonathan es un becario de posgrado en PCGC y CDDRC, investigando la etiología genética de las enfermedades cardíacas congénitas (CHD) a través de la bioinformática y el análisis de datos genómicos. Biólogo por formación, tiene un interés en comprender de manera integral los mecanismos de la enfermedad, desde la biología del desarrollo y la genética hasta la biología molecular y la bioquímica. Como ex-presidente de Allegheny Science Policy and Governance (ASPG), disfruta compartiendo su pasión y conocimiento en Política Científica, Defensa, Comunicación y Diplomacia Científica (Sci-PACD) para ayudar a otros a desarrollarse en sus campos de interés. Recientemente, tras dejar su cargo enfocado en aumentar la participación y elevar las voces de los grupos subrepresentados en el Comité de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) de la Red Nacional de Política Científica (NSPN), se prepara para comenzar una pasantía en el think tank Special Competitive Studies Project. Cuando no se dedica a estas actividades, le encontrarás ciclando, practicando snowboard o haciendo senderismo.

Manaswini Kar

Soy candidata a doctorado en el Centro de Neurociencia de la Universidad de Pittsburgh. Mi investigación se centra en el procesamiento de sonidos naturales en la corteza auditiva. Además de la ciencia, me encanta pasar tiempo con amigos, probar nuevas comidas, ver películas y explorar nueva música. También disfruto dibujar, asistiendo a la Ópera Sinfónica de Pittsburgh y al Ballet de Pittsburgh, y sumergiéndome en contenido de historia y antropología.