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Alguna vez has pensado: “¿Cómo se me ocurrió ese pensamiento?”

Artículo original: Have You Ever Thought: “How Did I Think That Thought?”, Idha Sood

Traducido por Emma Bartlett

Editado por Aileen Mostajo Ley, Rabea Dauwe, Viktoria Belloth, Juan Rottenwöhrer y Marius Eubel

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“La creatividad es ver lo que otros ven y pensar lo que nadie jamás pensó”. – Albert Einstein

¿Te ha venido una idea a la mente mientras tomabas tu té esta tarde? ¿Alguna vez has salido de una sesión de lluvia de ideas con soluciones exitosas? ¿O alguna vez se te ha encendido la proverbial bombilla espontáneamente, después de pasarte horas devanándote los sesos?

Este proceso de innovación útil se llama la creatividad, y puede ser intencionado (es decir, una solución que surge como resultado de la resolución lógica de problemas) o espontáneo (es decir, conceptualizar una nueva idea con una mentalidad relajada) (Xie et al., 2021).

La creatividad puede ser deliberada o espontánea.

Para que nazca cualquier idea nueva, se requieren ciertos ingredientes esenciales. Estos se incluyen en el ámbito de la percepción, el conocimiento previo y las habilidades cognitivas. Este último elemento se compone de una plétora de funciones mentales que los humanos utilizan para realizar sus actividades cotidianas, desde las más mundanas hasta las más profundas. Entre estas habilidades cognitivas, las que se asignan específicamente para el objetivo de la generación de ideas incluyen la memoria funcional, la atención sostenida, la flexibilidad cognitiva y el juicio de la decencia. Varias estructuras neuroanatómicas se unen para realizar cada una de estas funciones, y la aplicación óptima de cada habilidad da lugar a una idea innovadora (Dietrich, 2004).

La percepción es un fenómeno continuo en el que las neuronas temporales, occipitales y parietales (TOP) del cerebro toman información en tiempo real de todo el entorno de una persona. Estas neuronas hacen una copia de todos estos datos, que pueden ser recuperados después por la corteza prefrontal y aplicados según sea necesario. Las neuronas TOP, junto con las neuronas en el hipocampo, se convierten en un centro de conocimiento de fondo almacenado. Esto actúa como un andamio para que se produzcan nuevas combinaciones de la información subyacente y, por eso, se generen nuevas ideas (Boccia et al., 2015).

Para todos los fans de Harry Potter, ¿recuerdas el diario de Tom Riddle en “Harry Potter y la cámara de los secretos?” Nuestra memoria funcional es bastante similar a eso. La información se escribe constantemente en ella, cambiada, y eventualmente borrada, todo en tiempo real. Específicamente, la corteza prefrontal medio ventrolateral (en Inglés abreviado: VLPFC) elige la información relevante y la recupera del almacenamiento, mientras que la corteza prefrontal medio dorsolateral (en Inglés abreviado: DLPFC) aplica un enfoque sostenido para mantener la información escrita en las páginas (Nyberg et al., 2003). En otras palabras, la corteza prefrontal tiene control no solo sobre la materia que se selecciona para entrar en el búfer de la memoria funcional – y por tanto, en la conciencia – sino también sobre la cantidad de tiempo que el contenido se representa en la memoria funcional para que la atención se pueda dedicar a ella. Al igual que las restricciones dimensionales del diario de Tom Riddle, el búfer de la memoria funcional tiene limitaciones en la cantidad de información que se puede escribir en él y en el tiempo antes de que se borre la tinta. Los experimentos han demostrado que el límite de capacidad de la memoria funcional de los humanos es de aproximadamente 4 ± 1 notas mentales, con el máximo alcanzable solo si esas notas están de acuerdo con la lógica preexistente (Cowan, 2001). Cuando las notas mentales son contradictorias, nuestra memoria funcional apoyará aún menos información en ella. La capacidad de la corteza prefrontal para concentrarse en el contenido del búfer de la memoria funcional también es limitada: el cerebro, al igual que otras partes del cuerpo, puede fatigarse (Dietrich, 2004).

Los circuitos neuronales pueden ser vistos como un sistema de cableado altamente integrado en el que la comunicación ocurre a nivel regional, local y celular (Lerner et al., 2016). La fuerza de estas conexiones está representada en bucles neuronales que corren de un lado a otro entre las neuronas TOP y varias otras regiones cerebrales para finalmente converger en la corteza prefrontal. La densidad funcional de estos circuitos neuronales finalmente dicta cuán “fructífero” o “productivo” puede ser el cerebro (Dietrich, 2004). La información no solo se intercambia entre estas estructuras continuamente, sino también se están haciendo nuevas “mezclas” de esta información todo el tiempo. La calidad de estas mezclas depende directamente de la pericia de las neuronas TOP, así como de la adaptabilidad de la corteza prefrontal. Cuanto más “conocimiento” tengan las neuronas TOP, más información de mayor calidad se representa en el búfer de memoria funcional. Del mismo modo, cuanto más flexible sea la corteza prefrontal, mayor será el número de combinaciones de datos innovadores que puede ocurrir (Dietrich, 2004). Por lo tanto, ajustar un poco las entradas preexistentes puede conjurar combinaciones innovadoras, un proceso que llamamos creatividad (Ward, 2007).

La corteza prefrontal actúa como el juez supremo y acepta o rechaza una idea basada en su propiedad. 

Sin embargo, con tal integración también viene el caos. La unión de arroyos con información drásticamente diferente puede dar lugar a diseños que no son consistentes con los valores y creencias preexistentes de una persona sobre el mundo y, por lo tanto, no se pueden aplicar a situaciones de la vida real. Para evitar confusión, la corteza prefrontal actúa como el juez supremo y acepta o rechaza una idea basada en su propiedad (de Souza, 2014).

En resumen, un nuevo pensamiento se convierte en conocimiento cuando se refleja en la memoria funcional (es decir, cuando uno se vuelve consciente de la idea). Luego, la corteza prefrontal obtiene recuerdos relevantes y los procesa de una manera ordenada. Aplica una atención sostenida a ellos para generar nuevas combinaciones. Por último, evalúa la propiedad de la nueva idea, para luego sacar su versión final (de Souza, 2014).

Este proceso describe casos de creatividad deliberada, donde estamos tratando deliberadamente de encontrar una solución. Sin embargo, pueden aparecer nuevos pensamientos incluso cuando uno no está tratando de analizar o resolver un problema. Es posible que hayas vivido una epifanía inesperada cuando no te estabas enfocando en nada específico. Las ideas repentinas aparecen todo el tiempo; por lo general, mientras hacemos tareas mundanas como conducir, lavar platos o pasear al perro. Durante estos momentos de concentración borrosa se hacen asociaciones sueltas entre piezas de información muy diferentes. O, en otras palabras: las mezclas se hacen con ingredientes que no siempre van juntos, como la piña en la pizza. Esta es la diferencia distintiva entre la creatividad deliberada y la espontánea.

Durante estos momentos de concentración borrosa se hacen asociaciones sueltas entre piezas de información muy diferentes.

La memoria funcional también forma la base de la generación de ideas en modo espontáneo. Sin embargo, a diferencia de la creatividad deliberada, los temas que se representan en las páginas del diario de Tom Riddle no son cuidadosamente seleccionados por la corteza prefrontal. Esto se puede visualizar como un pequeño agujero en un colador muy complejo, que derrama fragmentos de información sin filtrar en la página abierta. Por lo tanto, el contenido de la inconsciencia se escribe y se borra continuamente de una manera desordenada. Tomamos conciencia de un pensamiento, solo para que sea reemplazado inmediatamente por el siguiente. Además, dado que no se aplica una atención sostenida, hasta elementos lógicamente desparejos pueden unirse para formar mezclas extrañas. Sin embargo, en este caos, se pueden formar combinaciones libremente conectadas que son útiles, apropiadas y aplicables al mundo real. Estos son seleccionados por la DLPFC y, por lo tanto, nacen ideas creativas (Marron et al., 2018).

Así que, uno se puede preguntar qué sirvió de inspiración para este artículo. Aunque la inspiración para averiguar de dónde provienen las ideas nació del modo espontáneo del autor, cada palabra escrita y los paralelos trazados son el resultado de formar conexiones y asociaciones desde el banco de conocimiento preexistente y en constante crecimiento, utilizando el modo deliberado de la creatividad. Cada uno de nosotros tiene el potencial de ser verdaderamente creativo: aprender continuamente, mejorar nuestra base de datos y reflejarla en el mejor resultado posible.

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Escrito por Idha Sood
Ilustrado por Kayla Lim
Traducido por Emma Bartlett
Editado por Chris Gabriel y Lauren Wagner
Editado en español por Aileen Mostajo Ley, Rabea Dauwe, Viktoria Belloth, Juan Rottenwöhrer y Marius Eubel

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Referencias

Boccia, M., Piccardi, L., Palermo, L., Nori, R., & Palmiero, M. (2015). Where do bright ideas occur in our brain? Meta-analytic evidence from neuroimaging studies of domain-specific creativity. Frontiers in Psychology, 6, 1195. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2015.01195

Cowan, N. (2001). The magical number 4 in short-term memory: A reconsideration of mental storage capacity. The Behavioural and Brain Sciences, 24(1), 87-114. https://doi.org/10.1017/s0140525x01003922

de Souza Leonardo C., Guimarães Henrique C., Teixeira Antônio L., Caramelli P., Levy R., Dubois B., Volle E. (2014). Frontal lobe neurology and the creative mind. Frontiers in Psychology, 5, 1664-1078. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2014.00761

Dietrich, A. (2004). The cognitive neuroscience of creativity. Psychonomic Bulletin & Review, 11(6), 1011–1026. https://doi.org/10.3758/bf03196731

Lerner, T. N., Ye, L., & Deisseroth, K. (2016). Communication in Neural Circuits: Tools, Opportunities, and Challenges. Cell, 164(6), 1136–1150. https://doi.org/10.1016/j.cell.2016.02.027

Marron, T. R., Lerner, Y., Berant, E., Kinreich, S., Shapira-Lichter, I., Hendler, T., & Faust, M. (2018). Chain free association, creativity, and the default mode network. Neuropsychologia, 118(Pt A), 40–58. https://doi.org/10.1016/j.neuropsychologia.2018.03.018

Nyberg, L., Persson, J., Cabeza, R., Forkstam, C., Petersson, K. M., & Ingvar, M. (2003). Common prefrontal activations during working memory, episodic memory, and semantic memory. Neuropsychologia 41 (2003) 371—377. https://doi.org/10.1016/s0028-3932(02)00168-9

Ward, T. B. (2007). Creative cognition as a window on creativity. Methods (San Diego, Calif.), 42(1), 28–37. https://doi.org/10.1016/j.ymeth.2006.12.002

Xie, H., Beaty, R. E., Jahanikia, S., Geniesse, C., Sonalkar, N. S., & Saggar, M. (2021). Spontaneous and deliberate modes of creativity: Multitask eigen-connectivity analysis captures latent cognitive modes during creative thinking. NeuroImage, 243, 118531. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2021.118531

 

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