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El misterio del dolor crónico: Cuando tu cuerpo sobrepasa el “¡Ay!”

Artículo original: El misterio del dolor crónico: Cuando tu cuerpo sobrepasa el “¡Ay!”, Anastasiia Gryshyna

Traducido por Diana Rejón

Editado por Franz Jaron, Ida Parry, Lena Lange y Giorgia Salani

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¿Se ha preguntado alguna vez por qué algunos de nosotros padecemos de dolor crónico mientras que otros no? La mayoría de nosotros ha experimentado la terrible sensación cuando nos quemamos el dedo o nos golpeamos el pie. Pero, ¿se imagina tener esta sensación constantemente? El dolor crónico, definido como el dolor que dura más de 3 meses, trae un significativo impacto negativo en la calidad de vida de una persona (IASP, 2022). El dolor crónico también se ha asociado con el desarrollo de trastornos de la salud mental, como la depresión y la ansiedad (Dominick et al., 2012). Por lo tanto, comprender la raíz del dolor crónico y cómo se desarrolla es actualmente un tema “de moda” en la investigación del dolor. Este artículo explorará algunas de las teorías reconocidas de la progresión del dolor agudo a crónico, así como lo que los neurocientíficos están haciendo ahora para posiblemente prevenir y tratar el dolor crónico.

¿Qué es el dolor y por qué lo necesitamos?

Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), “el dolor es una experiencia sensorial o emocional desagradable que se asocia o se asemeja a la asociada con un daño real o potencial” (IASP, 2022). El dolor se puede dividir a su vez en tres tipos: protector, adaptativo y protector, y maladaptivo (Prescott y Ratté, 2017; Linton et al., 2018). El dolor protector, también llamado dolor nociceptivo, es importante para detectar las sensaciones potencialmente “peligrosas” (Woolf, 2010). Este es el tipo de dolor que nos dice que no pongamos la mano sobre una superficie caliente, y digamos “¡Ay!” al tocar algo filoso.

Similar al dolor protector, el dolor adaptativo y protector protege nuestro cuerpo del daño. Sin embargo, lo hace reclutando células inmunitarias que causan inflamación y dolor. Por lo tanto, este dolor también se llama “dolor inflamatorio” y es el que podría tener después de la cirugía. El dolor inflamatorio es necesario para alentar al paciente a no mover la región dañada después de la operación (Woolf, 2010).

Dolor maladaptivo… causa dolor persistente, incluso si no hay daño físico.

Por último, el tercer tipo de dolor es el dolor maladaptivo (crónico), que es el que muchos científicos están tratando de entender porque no aporta ningún beneficio al individuo (Linton et al., 2018). El dolor maladaptivo es el resultado de un funcionamiento anormal del sistema nervioso, que causa dolor persistente aunque no haya daño físico. Esto hace que el tratamiento del dolor maladaptivo sea muy difícil porque, francamente, el origen del dolor es desconocido (Turk, 1990; Carnago et al., 2021).

Progresión del dolor agudo a crónico

El desarrollo del dolor crónico a menudo se atribuye a que los estímulos de dolor del cuerpo se vuelven más sensibles. Este proceso se denomina sensibilización central de los estímulos del dolor. En otras palabras, la exposición a un dolor persistente puede aumentar la sensibilidad de las neuronas en el sistema nervioso central (Woolf, 1983). Este aumento en la activación neuronal puede resultar en hiperalgesia (aumento del dolor ante los estímulos dolorosos) y alodinia (aumento del dolor ante los estímulos normalmente no dolorosos; Latremoliere y Woolf, 2009). La hiperalgesia y la alodinia son fenómenos normales y son necesarios para promover una buena cicatrización de los tejidos y, a menudo, se resuelven con el tiempo. Sin embargo, el proceso del aumento de la sensibilidad puede conducir a hiperalgesia y alodinia persistentes, lo que marca la transición del dolor agudo al crónico (Lavand’homme, 2011).

Pero, ¿cómo es posible que nuestro sistema se vuelva crónicamente sensible incluso después de que se cure el tejido dañado? La respuesta se encuentra en un fenómeno llamado potenciación a largo plazo (LTP). La LTP se refiere al fortalecimiento prolongado de las señales neuronales que transmiten información entre sinapsis, como el dolor (Rygh et al., 2005). Como resultado del LTP, el cuerpo incrementa la liberación de los neurotransmisores, señales que transmiten información sobre el dolor. Con el tiempo, se produce un aumento sustancial en estos neurotransmisores inductores de dolor y, por lo tanto, llegan al cerebro muchas más señales “dolorosas”, incluso en ausencia de estímulos nociceptivos (Rygh et al., 2005). Esta liberación persistente de neurotransmisores también produce hiperalgesia y alodinia prolongadas, lo que la convierte en una enfermedad desadaptativa por sí sola (Sandkuhler, 2009).

La exposición a un dolor persistente puede aumentar la sensibilidad de las neuronas del sistema nervioso central.

Se puede pensar en la LTP como una especie de “recuerdo” de las experiencias dolorosas. De hecho, la LTP también se observa en nuestro hipocampo, una región del cerebro responsable de la consolidación de la memoria. Así que ¡el dolor crónico puede ser incluso una memoria persistente del dolor que hemos tenido en el pasado! Sin embargo, aunque algunos mecanismos son muy similares entre la LTP del hipocampo y la sensibilización central, existen diferencias importantes que distinguen la formación de la memoria y el desarrollo del dolor crónico (Ji et al., 2003).

Aunque el sistema nervioso central desempeña un papel importante en la amplificación de las señales de dolor, otro componente importante del dolor crónico es la sensibilización periférica. La sensibilización periférica se produce en el sistema nervioso periférico, que está compuesto por fibras nerviosas fuera de la médula espinal y el cerebro. Esta sensibilización ocurre cuando hay una respuesta inmune aumentada en el sitio de una lesión. Un aumento en la inflamación en el sistema periférico puede resultar en el reclutamiento de muchas otras moléculas de señalización que pueden aumentar la sensibilidad de los nervios sensoriales (Gangadharan y Kuner, 2013). Como se puede imaginar, esto puede crear una onda de retroalimentación positiva en la que se liberan más moléculas inflamatorias porque se estimulan más receptores de dolor.

Tratamiento del dolor crónico

Como se mencionó anteriormente, el dolor crónico tiene un gran impacto en la salud mental y física del individuo. Por lo tanto, el tratamiento adecuado del dolor es importante para mejorar la calidad de vida de los individuos con dolor crónico. Hablando de intervenciones médicas, los opioides se han utilizado durante muchos años. Sin embargo, el problema con los opioides es su alto riesgo de adicción. Para alguien que ha tenido dolor durante años, tomar opioides todos los días puede que no sea la mejor técnica de control. La nanotecnología es un campo en crecimiento que se muestra muy prometedor en lo que respecta al tratamiento del dolor. Las nanopartículas que transportan analgésicos muestran una mayor eficacia y una menor incidencia de adicción, ya que pueden proporcionar alivio a través de una liberación más controlada del fármaco. Además, algunas nanomedicinas están diseñadas para disminuir la sensibilización, tratando la causa directa del dolor crónico en lugar de limitarse solamente a esconder sus síntomas (Bhansali et al., 2021).

Otra herramienta emocionante para el tratamiento del dolor crónico utiliza anticuerpos monoclonales. Los anticuerpos son proteínas inmunitarias producidas de forma natural que ayudan a nuestro cuerpo a combatir infecciones y detectar patógenos. Los anticuerpos tienen una alta afinidad o, en otras palabras, son muy buenos para encontrar las cosas “correctas” a las que unirse. A diferencia de los anticuerpos naturales, los anticuerpos monoclonales se refieren a anticuerpos diseñados en laboratorio. En la investigación relacionada con el dolor, los anticuerpos monoclonales pueden diseñarse para reconocer señales específicas de dolor y, por lo tanto, reclutar nuestras propias células inmunitarias para eliminar las moléculas que inducen dolor. Los anticuerpos monoclonales aportan varias ventajas sobre los tratamientos actuales, como la disminución del riesgo de adicción y la menor frecuencia de administración de medicamentos (Sánchez-Robles et al., 2021). Sin embargo, todavía hay desventajas al usar anticuerpos monoclonales. Una de las cuales es que estos anticuerpos no pueden atravesar la barrera hematoencefálica (BHE), una capa celular protectora que impide que la sangre circulante entre en el sistema nervioso central. Increíblemente, algunas nanopartículas pueden diseñarse para transportar un fármaco a través de la BHE (Wohlfart et al., 2012). ¡Tal vez algún día los científicos puedan combinar estas dos prometedoras técnicas de tratamiento del dolor!

Conclusión

Muchos factores contribuyen a la transición del dolor agudo al dolor crónico y pueden ser difíciles de tratar. Además de las diferencias fisiológicas en el curso de la progresión del dolor, también es importante reconocer las diferencias psicológicas y sociales entre los individuos. Sin embargo, con las nuevas innovaciones tecnológicas, el tratamiento del dolor crónico pronto podría ser universalmente efectivo.

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Escrito por Anastasiia Gryshyna
Ilustrado por Nadia PenkoffLidbeck
Traducido por Diana Rejón
Editado por Sarah Wade y Mary Cooper
Editado por Franz Jaron, Ida Parry, Lena Lange y Giorgia Salani

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Referencias

Bhansali, D., Teng, S. L., Lee, C. S., Schmidt, B. L., Bunnett, N. W., & Leong, K. W. (2021). Nanotechnology for pain management: Current and future therapeutic interventions. Nano Today, 39, 101223.

Carnago, L., O’Regan, A., & Hughes, J. M. (2021). Diagnosing and Treating Chronic Pain: Are We Doing This Right? Journal of Primary Care & Community Health, 12, 1-4.

Cohen, S. P., Vase, L., & Hooten, W. M. (2021). Chronic pain: an update on burden, best practices, and new advances. The Lancet, 397(10289), 2082-2097.

Dominick, C. H., Blyth, F. M., & Nicholas, M. K. (2012). Unpacking the burden: understanding the relationships between chronic pain and comorbidity in the general population. Pain, 153(2), 293-304.

Gangadharan, V., & Kuner, R. (2013). Pain hypersensitivity mechanisms at a glance. Disease Models & Mechanisms, 6(4), 889-895.

International Association for the study of pain: IASP. International Association for the Study of Pain (IASP). (2022, December 8). Retrieved December 13, 2022, from https://www.iasp-pain.org/

Ji, R. R., Kohno, T., Moore, K. A., & Woolf, C. J. (2003). Central sensitization and LTP: do pain and memory share similar mechanisms?. Trends in Neurosciences, 26(12), 696-705.

Latremoliere, A., & Woolf, C. J. (2009). Central sensitization: a generator of pain hypersensitivity by central neural plasticity. The Journal of Pain, 10(9), 895-926.

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Linton, S. J., Flink, I. K., & Vlaeyen, J. W. (2018). Understanding the etiology of chronic pain from a psychological perspective. Physical Therapy, 98(5), 315-324.

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Sánchez-Robles, E. M., Girón, R., Paniagua, N., Rodríguez-Rivera, C., Pascual, D., & Goicoechea, C. (2021). Monoclonal antibodies for chronic pain treatment: present and future. International Journal of Molecular Sciences, 22(19), 10325.

Sandkuhler, J. (2009). Models and mechanisms of hyperalgesia and allodynia. Physiological reviews, 89(2), 707-758.

Turk, D. C. (1990). Customizing treatment for chronic pain patients: who, what, and why. The Clinical Journal of Pain, 6(4), 255-270.

Wohlfart, S., Gelperina, S., & Kreuter, J. (2012). Transport of drugs across the blood–brain barrier by nanoparticles. Journal of controlled release, 161(2), 264-273.

Woolf, C. (1983) Evidence for a central component of post-injury pain hypersensitivity. Nature 306, 686–688.

Author

  • Anastasiia Gryshyna

    Anastasiia Gryshyna es una estudiante de doctorado en los Departamentos de Anestesiología y Psicología de la Universidad de Alabama en Birmingham (UAB). Obtuvo su maestría en nanotecnología en la Universidad de Florida Central y se sintió fascinada por la neurociencia y las técnicas que se pueden utilizar para estudiar nuestro cerebro. Sus intereses actuales se centran en la ciencia básica y el dolor pélvico. Anastasiia utiliza la electrofisiología y la optogenética para examinar cómo viajan las señales de dolor al sistema nervioso central y cómo podemos abordar problemas asociados con las condiciones urológicas utilizando la optogenética. Fuera del laboratorio, disfruta de hacer senderismo, entrenar Jiu jitsu y pasar tiempo con su familia.

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Anastasiia Gryshyna

Anastasiia Gryshyna es una estudiante de doctorado en los Departamentos de Anestesiología y Psicología de la Universidad de Alabama en Birmingham (UAB). Obtuvo su maestría en nanotecnología en la Universidad de Florida Central y se sintió fascinada por la neurociencia y las técnicas que se pueden utilizar para estudiar nuestro cerebro. Sus intereses actuales se centran en la ciencia básica y el dolor pélvico. Anastasiia utiliza la electrofisiología y la optogenética para examinar cómo viajan las señales de dolor al sistema nervioso central y cómo podemos abordar problemas asociados con las condiciones urológicas utilizando la optogenética. Fuera del laboratorio, disfruta de hacer senderismo, entrenar Jiu jitsu y pasar tiempo con su familia.