¿Existe el libre albedrío?

Artículo original: ¿Existe el libre albedrío? Joel Frohlich

Traducido por

Es una tranquila tarde de domingo. El profesor Freeman está disfrutando del clima del sur de California en el patio del profesor Domino.

Domino:¿Le gustaría una Coca-Cola o una Pepsi, Dr. Freeman?

Freeman: Esa es una elección fácil, Dr. Domino.

Domino: Ah, ¿lo es? Supongo que las neuronas de su cerebro ya han decidido por usted. ¿Acaso no hay mucha investigación neurocientífica que demuestre que los humanos carecen de libre albedrío?

Freeman: Sí, pero mucho de eso es basura.

Domino: ¿En serio? ¿Conoce el experimento clásico llevado a cabo por Benjamin Libet y sus colegas?

Un experimento audaz

Libet's clock Knowing Neurons
el reloj de Libet

Freeman: ¡Por supuesto! Libet y sus colegas diseñaron un experimento para probar si los sujetos humanos tenían libre albedrío. Se instruyó a los sujetos para que presionaran un botón cada vez que sintieran ganas de hacerlo. Un dial giratorio servía como reloj para que cada sujeto pudiera anotar la hora exacta en que se dio cuenta de su deseo por presionar el botón.  Mientras cada individuo participaba en el experimento, electrodos de electroencefalografía adheridos al cuero cabelludo midieron actividad eléctrica en el cerebro que indicaba una preparación para el movimiento que precedía a la decisión consciente del sujeto de presionar el botón por más de un tercio de segundo.

Domino: Entonces, Dr. Freeman, ¿será que los resultados de este estudio muestran que los sujetos tenían la opción de escoger? ¿O más bien que las decisiones estaban predeterminadas por la actividad eléctrica del cerebro?

Freeman: Hay dos problemas con el experimento del Dr. Libet. Primero, como ha señalado el filósofo Alexander Batthyany, se les dijo a los sujetos que esperaran pasivamente el deseo de presionar el botón. Naturalmente, un impulso subconsciente podría manifestarse primero como actividad eléctrica cerebral antes de elevarse al nivel de la consciencia. En segundo lugar, como ha señalado el filósofo y científico cognitivo Daniel Dennett, hay un cambio en la atención de un estado interno a uno externo, cuando se pasa de sentir las ganas de presionar el botón a anotar la hora mostrada en el reloj.   Debido a que lleva tiempo reasignar los recursos neuronales para este cambio de atención, la brecha de 350 milisegundos se puede explicar fácilmente.

LibetExperiment

Domino: ¡Gracias a Dios que tenemos filósofos velando por nosotros! Pero, ¿ha considerado el trabajo de John-Dylan Haynes y sus colegas? ¡Este grupo de investigadores demostró que la actividad cerebral metabólica medida con la resonancia magnética funcional puede predecir qué mano usará un sujeto para presionar un botón varios segundos antes de que se haga la elección!

Freeman: Pff… eso es una exageración. La precisión de la predicción de este estudio fue solo del 60%, apenas mejor que el azar.

Domino: Aún así, la mayoría de las veces, esta elección estaba predeterminada por la actividad cerebral del individuo hasta siete segundos antes de que él o ella tomaran la decisión.

Freeman: Está bien. En aras del argumento, supongamos que la precisión de la predicción hubiera sido del 100%. ¿Qué más estaría determinando las acciones del sujeto aparte de la actividad cerebral? ¡Yo realmente espero que sea mi cerebro el que esté tomando mis decisiones! ¿Y quién dice que las decisiones se toman instantáneamente? No me sorprende que una decisión pueda ocurrir en el transcurso de varios segundos.

Domino: Ah, pero si creemos en el libre albedrío, creemos que nada fuera de nosotros determina nuestras decisiones. Y, sin embargo, la ciencia demuestra que nuestro cerebro es una máquina, sujeta a las leyes de la naturaleza como cualquier otra máquina. Nuestras neuronas obedecen las leyes de causa y efecto, el determinismo, mientras que tendrían que actuar desafiando esas leyes si realmente tuvieras voluntad propia.

Redefiniendo el libre albedrío

Freeman:Acaba de argumentar que los resultados de estos experimentos son irrelevantes ya que, según usted, el libre albedrío es imposible incluso al principio. Bien. Pero no estoy de acuerdo con que el libre albedrío sea incompatible con el determinismo. Para mí, el libre albedrío es simplemente la idea de que soy libre de hacer lo que quiero, sin importar si mis deseos están, a su vez, determinados por otra cosa.

Domino: Eso no me parece libre albedrío. Un robot programado para realizar incesantemente alguna tarea insignificante podría tener libre albedrío en ese sentido.

Freeman: Bueno, ninguna tarea es objetivamente insignificante. ¡Para un extraterrestre asexual de Marte, la tarea de copular con hermosas mujeres para producir descendencia podría parecer insignificante!  Permítame citar al difunto escritor de ciencia ficción Philip K. Dick: «La realidad es aquello que cuando dejas de creer en ella, no desaparece».  ¿Ha oído hablar alguna vez de la enfermedad de Huntington, Dr. Domino?

Domino: Sí, es una enfermedad terrible.

Freeman: Así es. La enfermedad de Huntington es un trastorno neurodegenerativo en el que las personas experimentan movimientos involuntarios similares a los de un baile. Y ya sea que crea o no en el libre albedrío, todavía tengo una especie de libre albedrío que una persona con la enfermedad de Huntington no tiene.

Domino: ¡Ah, pero un paciente con la enfermedad de Huntington sufre más que simples movimientos involuntarios! El paciente también puede experimentar cambios de personalidad, como hipersexualidad. Para ser verdaderamente libre, uno no solo debe tener control sobre sus movimientos corporales, sino también sobre sus deseos. Cuando consideramos casos como la enfermedad de Huntington o un tumor cerebral, generalmente reconocemos que el individuo no es responsable de estos cambios de personalidad. Y, sin embargo, casi todo el mundo experimenta cambios de personalidad similares durante la pubertad. No elegimos nuestras personalidades. La voluntad humana no es soberana e inmutable, sino que está controlada por la biología y la genética.

Freeman: Puede que tenga una personalidad ligeramente diferente a la que tenía cuando era niño, ¡pero no es como si la pubertad me quitara el libre albedrío!

Domino: Considere entonces al adicto que se siente obligado contra su voluntad a continuar abusando de las drogas hasta el punto de perder el trabajo, la familia, la dignidad y tal vez incluso la vida. ¿Este individuo tiene libre albedrío?

Freeman: Cada vez que el drogadicto tiene una recaída, él o ella elige satisfacer los deseos de consumo que son subjetivamente peores que las consecuencias de la recaída.

Domino: Eso no es lo que yo llamo libre albedrío.

La anatomía del control

Freeman: El filósofo Arthur Schopenhauer escribió una vez: «El hombre puede hacer lo que desea, pero no puede escoger lo que desea». La elección del adicto a las drogas de satisfacer un antojo es una elección libre, pero tiene poco control sobre los antojos.

Domino: ¡Sí, poco o nada! Los antojos son generados por el núcleo de accumbens, parte de los ganglios basales, un grupo de estructuras cerebrales subcorticales que tienen una gran influencia inconsciente pero importante sobre el comportamiento humano. Las neuronas del núcleo accumbens liberan dopamina, que modula la atención y recompensa ciertos comportamientos.  Esta modulación dopaminérgica es la verdadera motivación de muchos de nuestros comportamientos y puede convertir a individuos fuertes en adictos sin remedio.

Freeman: Ah, pero la corteza cerebral, el sustrato neural del yo consciente, tiene fibras de proyección descendientes que modulan el núcleo accumbens. Si equiparamos la corteza con el yo, el yo puede influir directamente sobre la actividad del núcleo accumbens y el resto del cerebro, que a su vez influye en el yo. Por ejemplo, podemos cambiar nuestro cerebro a través de ejercicios de plenitud mental y la meditación para aliviar la ansiedad y los pensamientos perniciosos. El neurocientífico Michael Gazzaniga ha usado argumentos similares para afirmar que el yo puede modificar el cerebro a través de una causalidad descendente.

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Los autómatas celulares en el juego Game of Life de John Conway se comportan como si tuvieran voluntad propia, pero su comportamiento está completamente predeterminado.

Domino: Entiendo los argumentos de Gazzaniga. Sin embargo, si el universo es determinista, entonces mis acciones están predeterminadas y no hay lugar para el libre albedrío. Eche un vistazo a los autómatas celulares del juego Game of Life de John Conway. Estos seres realistas corren como si tuvieran voluntad propia, pero sus comportamientos están totalmente predeterminados por las condiciones iniciales de la cuadrícula en la que ocurre el juego.

Freeman: Sí, pero los autómatas celulares son solo un modelo abstracto.

Domino: ¡Pero el mismo determinismo se aplica a nuestro universo! Considere un experimento mental concebido por el matemático francés Pierre-Simon Laplace: un demonio conoce la posición y el momento de cada partícula en el universo. Con este conocimiento, el demonio puede predecir el futuro de todo el universo según la física newtoniana. ¿Dónde hay espacio para elegir en un mundo tan predeterminado?

Freeman: Sin embargo, hoy sabemos que al nivel de las partículas subatómicas, la naturaleza se comporta aleatoriamente. *

Domino: Eso es cierto, pero la «indeterminación cuántica» a la que se refiere tampoco permite el libre albedrío. Si mis elecciones se hacen lanzando dados, ¿cómo me hace esto libre?

Freeman: Gran punto. No niego que, a nivel de la biología, el universo es determinista. Si definimos el libre albedrío como desacoplado del determinismo, entonces no, el libre albedrío simplemente no existe.

Domino: ¡Admite la derrota!

Vale la pena querer el libre albedrío

Freeman: Espere un minuto. Daniel Dennett, a quien mencioné antes, hace la distinción entre este tipo de libre albedrío y el tipo de libre albedrío que «vale la pena desear». En una ponencia dirigida al Instituto Santa Fe en el 2014, compara el libre albedrío con la magia. La magia verdadera, en el sentido de conjuros y hechizos, es obviamente falsa, mientras que la magia falsa, en el sentido de prestidigitación, es real. De manera similar, el libre albedrío real es falso, y el libre albedrío falso es real. El tipo de libre albedrío que vale la pena desear es el tipo de libre albedrío que usted y yo tenemos, y del que carece un paciente con la enfermedad de Huntington.

Domino: Mmm, este libre albedrío sigue siendo solo una ilusión. Nuestras acciones aún están predeterminadas, simplemente disfrutamos de nuestro comportamiento predeterminado de una manera que el paciente con enfermedad de Huntington no disfruta. Todavía no podemos escoger lo que deseamos, como diría Schopenhauer. Incluso con la meditación y la causalidad mental descendiente, los niveles en los que podemos controlar la voluntad están limitados. Digamos que queremos cambiar lo que sentimos por alguien. Lo que sentimos por esa persona es un deseo primario, pero quizás tengamos un deseo secundario para cambiar estos sentimientos. Nuestro deseo primario cambiará en función del deseo secundario. Pero, ¿qué determina nuestro deseo secundario, nuestra voluntad de cambiar estos sentimientos? Esa voluntad tuvo que venir de alguna parte, ¿verdad? Por lo tanto, debe haber un deseo terciario que determina nuestro deseo secundario. Pero si somos completamente libres, ese deseo terciario debe doblegarse ante un deseo cuaternario… Y así hasta el infinito. ¡El libre albedrío es un concepto incompleto!

Freeman: Sí, ya he admitido que ese tipo de libre albedrío es una imposibilidad lógica. En un momento dado, solo un futuro es posible. Que el cerebro tome decisiones siguiendo algún algoritmo no menoscaba nuestra capacidad de elección. Por el contrario, este algoritmo nos permite elegir. ¿De qué otra manera podría ser posible una decisión si no es de acuerdo con algún procedimiento computacional? Ya hemos establecido que lanzar los dados no es una elección libre. Ahora, digamos que en un experimento me dan opciones para escoger. Si cada prueba se repite exactamente de la misma manera, entonces, en principio, debería escoger lo mismo cada vez. En la práctica, esto es imposible, porque después de la primera prueba, tendría el recuerdo de las pruebas anteriores, lo que podría influir en mi próxima decisión. El poder integrar decisiones anteriores en mi decisión actual y tomar un camino diferente, me proporciona el libre albedrío que “vale la pena desear”, como diría Dennett.

Rolling Dice
Los eventos en nuestro universo son o aleatorios, como el lanzamiento de un dado, o predeterminados, como el resultado de un programa de ordenador (computador). Ninguna posibilidad parece dejarle un espacio obvio a la voluntad humana. No obstante, se han hecho argumentos racionales que intentan reconciliar el libre albedrío con estos obstáculos. Los límites de la voluntad del ser humano se harán evidentes en situaciones como la adicción, donde el individuo tiene dificultades para controlar sus acciones.

¿Y si fueras Jack el Destripador?

Domino: ¿Pero no es nuestro cerebro el que decide por nosotros? ¿Cómo es esta una elección real?

Freeman: Somos nuestro cerebro, o al menos nuestra corteza cerebral. Esa es la base del monismo, la idea de que el cerebro y la mente son una única sustancia. Decir que el cerebro decidió por nosotros es adoptar un enfoque dualista basado en la idea de que la mente es una sustancia fundamentalmente diferente al cerebro. Una vez que abandonamos la idea del dualismo, desaparece la acusación de que el cerebro decide por nosotros.

Domino: ¡Pero no elegimos nuestro cerebro cuando nacimos! Y dado que existen diferencias entre los cerebros de los psicópatas y los individuos normales, ¿cómo podemos decir realmente que habríamos tomado decisiones diferentes si hubiéramos nacido como Jack el Destripador?

Freeman: Esa es una pregunta sin sentido. Preguntar si hubiéramos asesinado de todos modos si fuéramos Jack el Destripador es como preguntar si un auto volaría si fuera un avión. ¡Claro que volaría, ya no sería un coche! ¿Un electrón tendría carga positiva si fuera un protón? ¡Supongo que sí!

Domino: Aunque creo firmemente que el libre albedrío no existe… supongo que entiendo su argumento.

Freeman: Un punto más. Los investigadores han demostrado que los sujetos experimentales son más propensos a hacer trampa en una tarea que deben realizar para ganar dinero si antes leen un pasaje de un libro que argumenta en contra de la existencia del libre albedrío, en comparación con sujetos que leen un pasaje neutro. Este trabajo subraya la importancia de creer en el libre albedrío para ejercer el autocontrol. Como ha argumentado Daniel Dennett, decirle a la gente que la neurociencia no le deja campo al libre albedrío podría no solo ser una conclusión precipitada, sino también irresponsable.

Domino: Interesante… Aunque creo que el libre albedrío es una ilusión, admito que es una ilusión importante.

Freeman: ¡Finalmente, algo en lo que podemos estar de acuerdo! Ahora, ¿qué tal esa Pepsi?
Brain Chain

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Notas

* Otras objeciones al demonio de Laplace incluirían la teoría del caos y el principio de incertidumbre de Heisenberg. La teoría del caos establece que cambios infinitamente pequeños en las condiciones iniciales pueden tener grandes efectos más adelante. El principio de incertidumbre de Heisenberg establece que la medición infinitamente precisa tanto de la posición como del momento de una partícula es imposible incluso en principio. No obstante, el argumento del Dr. Domino de que el mundo macroscópico es determinista sigue siendo válido.

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Referencias

Imagines de Information Philosopher, Wikimedia Commons (1234), and made by Jooyeun Lee.

Libet, Benjamin, et al. “Time of conscious intention to act in relation to onset of cerebral activity (readiness-potential).” Cerebro 106.3 (1983): 623-642.

Dennett, Daniel C. Freedom evolves. Penguin UK, 2004.

Batthyany, Alexander: Mental Causation and Free Will after Libet and Soon: Reclaiming Conscious Agency. In Batthyany und Avshalom Elitzur. Irreducibly Conscious. Selected Papers on Consciousness, Universitätsverlag Winter Heidelberg 2009, p.135ff.

Soon, Chun Siong, et al. “Unconscious determinants of free decisions in the human brain.” “Unconscious determinants of free decisions in the human brain.” 543-545.

Gazzaniga, Michael. Who’s in Charge?: Free Will and the Science of the Brain. Hachette UK, 2012.

Dennett, Daniel. “Is Free Will an Illusion? What Can Cognitive Science Tell Us?” Santa Fe Institute. James A. Little Theater, Santa Fe, NM. 14 de Mayo 2014. Lecture.

Vohs, Kathleen D., and Jonathan W. Schooler. “The value of believing in free will encouraging a belief in determinism increases cheating.” Psychological science 19.1 (2008): 49-54.

Autor

Joel Frohlich

Joel Frohlich es un investigador postdoctoral que estudia la consciencia en el laboratorio de Martin Monti en UCLA. Está interesado en utilizar la actividad cerebral registrada con el electroencefalograma para inferir cuándo es que una persona está consciente.  Joel obtuvo su doctorado en UCLA en el 2018 estudiando trastornos del neurodesarrollo por medio de la electroencefalografía en el laboratorio de Shafali Jeste. También puede consultar el blog de Joel, llamado «Consciousness, Self-Organization and Neuroscience on Psychology Today». Para obtener más información sobre la investigación y los ensayos de Joel, visite el sitio web de Joel en joelfrohlich.com.

Traductor

Joel Frohlich

Joel Frohlich es un investigador postdoctoral que estudia la consciencia en el laboratorio de Martin Monti en UCLA. Está interesado en utilizar la actividad cerebral registrada con el electroencefalograma para inferir cuándo es que una persona está consciente.  Joel obtuvo su doctorado en UCLA en el 2018 estudiando trastornos del neurodesarrollo por medio de la electroencefalografía en el laboratorio de Shafali Jeste. También puede consultar el blog de Joel, llamado «Consciousness, Self-Organization and Neuroscience on Psychology Today». Para obtener más información sobre la investigación y los ensayos de Joel, visite el sitio web de Joel en joelfrohlich.com.

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