¿Por qué nos hace sentir tanto la música?

Artículo original: ¿Por qué nos hace sentir tanto la música?  Amy Thomas

Traducido por Dalí Jiménez

Ya sea que la estemos escuchando a través los pequeños audífonos del iPhone en nuestro recorrido diario al trabajo o llorando en un concierto de John Mayer, hay un lugar especial en nuestros corazones para la música.  Pero, ¿cuál es la base biológica de esa sensación mágica que sentimos al escuchar nuestra canción favorita?

Muchos científicos han teorizado que la naturaleza universal de la música debe tener un origen evolutivo.  Charles Darwin, el naturalista mejor conocido por sus contribuciones a la ciencia de la evolución, sugirió que los humanos usan la música para atraer parejas, lo cual explicó minuciosamente en su libro El origen del hombre, y la selección en relación al sexo. Darwin creía que nos «esforzábamos por hechizarnos unos a otros con notas musicales y ritmos». Esta idea es comparable a los procesos de la selección sexual guiados por el canto de los pájaros, una teoría de selección de pareja bien conocida. Otros científicos han sugerido que «sentir el ritmo» es una forma de sincronizar los pasos para evitar ser escuchado por los depredadores.

Es posible que nunca sepamos la razón evolutiva exacta de nuestro amor por la música, pero los investigadores continúan estudiando los mecanismos neuroquímicos que subyacen el gusto a la música.  Gran parte de la investigación se ha centrado sobre el efecto que tiene la música en el sistema de recompensa del cerebro. El circuito de la recompensa comienza en el centro del cerebro, en una región llamada área tegmental ventral. Aquí, unas neuronas especiales liberan el neurotransmisor llamado dopamina, que nos da una sensación de placer y nos hace sentir bien. Para asegurarse de que se repita algún comportamiento en el futuro, el circuito de la recompensa está conectado a las áreas del cerebro que controlan la memoria y el comportamiento, incluyendo el núcleo acuminado y la corteza prefrontal. No es sorprendente que más dopamina se libere cuando una persona escucha música agradable.

Pero la dopamina no es el único neurotransmisor que está involucrado en el gozo de la música. Otros estudios han descubierto que la serotonina también es importante. Las drogas que modifican el funcionamiento de la serotonina se utilizan comúnmente para tratar la depresión. De hecho, este neurotransmisor está asociado con la vigilia y es importante para la interacción entre el intestino y el cerebro, por lo que no es sorprendente que los niveles de serotonina en el núcleo acuminado se aumenten cuando escuchamos música.

Por supuesto, los circuitos que modulan la sensación de recompensa y placer no son las únicas redes neuronales que se activan cuando escuchamos música. Entonces, ¿qué más puede estar ocurriendo? Para responder a esta pregunta, debemos considerar el hecho de que la sensación de recompensa ocurre en dos fases químicamente distintas. La primera «fase anticipatoria», que equivale al «deseo», está impulsada por los circuitos neuronales dopaminérgicos descritos anteriormente. La segunda «fase de consumo», que es la parte del «gusto», está impulsada por una combinación de circuitos dopaminérgicos y la activación de receptores de opioides. Los opioides son sustancias que se utilizan médicamente para aliviar el dolor. Estas dos fases activan diferentes partes del núcleo acuminado. Específicamente, el placer anticipatorio está vinculado a una red ampliamente distribuida por el núcleo acuminado, mientras que el placer del consumo está vinculado a una parte más localizada de esta región cerebral (Nota al pie 1).

«…la tristeza provocada al escuchar música puede ser una característica del propio placer…»

A pesar de esta diferencia anatómica, el sistema dopaminérgico se conecta directamente al sistema opioide durante las sensaciones de placer y recompensa. Por lo tanto, parece probable que los opioides — además de la dopamina — puedan estar involucrados en las emociones que sentimos al escuchar música. A principios de este año, un equipo de neurocientíficos de la Universidad de McGill realizaron un estudio en el que exploraron cómo los opioides endógenos (los producidos por el mismo cerebro) pueden estar involucrados en el control de las respuestas emocionales a la música.

Para investigar el papel del sistema opioide en sujetos humanos que escuchan música, el equipo de investigación estudió lo que sucede cuando el sistema opioide se bloquea con una droga llamada naltrexona. Cuando la naltrexona interactúa con los receptores de opioides, actúa como un antagonista, deteniendo temporalmente la acción de los opioides endógenos que actuarían en este circuito de recompensa. Estudios anteriores han demostrado que la administración de naltrexona reduce la sensación gratificante después de la actividad física, disminuye la sensación placentera después de comer, y hace que las personas sientan por lo general emociones atenuadas y niveles reducidos de alegría y tristeza. Basándose en esta investigación previa, el equipo planteó la hipótesis de que la administración de naltrexona a sus sujetos tendría el mismo efecto atenuante generalizado sobre las reacciones emocionales positivas y negativas a la música, que también puede llamarse anhedonia musical.

Para su estudio, el equipo de investigación llevó a cabo un experimento doble ciego controlado con placebo, lo que significa que ni el equipo ni los participantes sabían si estaban recibiendo naltrexona o una pastilla de azúcar. A los participantes se les pidió que trajeran dos de sus grabaciones de música favoritas que les produjeran de forma fiable una intensa sensación de placer. Durante el experimento, los participantes escucharon su propia música o música «neutra» seleccionada por los investigadores. Mientras escuchaban la música, se utilizaron mediciones objetivas y subjetivas para cuantificar sus repuestas emocionales. Estos incluyeron la medición de la frecuencia respiratoria, así como el uso de la electromiografía para medir la actividad de los músculos involucrados en sonreír y fruncir el ceño.

Entonces, ¿cuáles fueron los resultados? Como se esperaba, la naltrexona redujo el grado de placer que sentían los participantes al escuchar música. Curiosamente, la naltrexona provocó una gran reducción de esos sentimientos cuando los participantes escuchaban sus canciones favoritas en comparación a cuando escuchaban la música «neutra». Es importante destacar que la naltrexona no sólo redujo los sentimientos placenteros, ¡sino también los sentimientos negativos! El análisis de los electromiogramas reveló que los músculos necesarios para el fruncimiento del ceño se activaban en menor medida en la presencia de la naltrexona. Al atenuar tanto los sentimientos positivos como los negativos hacia la música, la naltrexona tuvo un efecto anhedónico generalizado sobre la música.

Los resultados de este estudio sugieren que los opioides están involucrados en la regulación de las emociones positivas y negativas que experimentamos al escuchar música.

Aunque esto parezca ir contra el sentido común, ya que estamos hablando del placer de la música, esta idea también se relaciona con otras investigaciones sobre las complejas interacciones que producen el placer musical. De hecho, investigaciones anteriores del grupo que investigó sobre la anhedonia musical sugieren que la tristeza provocada al escuchar música puede ser una característica del propio placer, quizás al provocar un sentimiento de tristeza compartido con otras personas y con el compositor de la música. Por eso, la tristeza al escuchar música no provoca una respuesta neuroquímica depresiva, sino que está implicada en una experiencia en términos generales placentera y se relaciona con la sensación de ‘tranquilidad’ que se obtiene con ciertas canciones.

Lamentablemente, la ciencia de la música es tan complicada como una fuga de Bach. La música provoca emociones positivas y negativas al mismo tiempo, mientras que también produce una sensación placentera.  De hecho, este nuevo campo de investigación inspira otras preguntas sobre las complejas interacciones de nuestras emociones. ¿Podríamos utilizar lo que hemos aprendido de la música para explicar otros sentimientos complejos, como por ejemplo la nostalgia? Junto a estas cuestiones más abstractas, el experimento de la Universidad de McGill demuestra que la música puede estar gobernada por el mismo sistema de recompensa hedónica que la comida, el sexo y las drogas, y a los que ya se les ha demostrado efectos anhedónicos similares con el uso de la naltrexona.

El hecho de que escuchar música provoque una respuesta neuroquímica tan bien definida puede sugerir un origen evolutivo de la música, pero es difícil sacar conclusiones en este momento.  Este estudio ha demostrado como la fuerte respuesta emocional a la música comprende sentimientos positivos y negativos – un sistema avanzado que probablemente tenga una importancia evolutiva comparable a algunas de nuestras necesidades humanas más básicas, como la comida y el sexo. Podría ser que el circuito de recompensa de la música esté apropiando un sistema evolutivo que originalmente estaba involucrado en algo más relacionado con estas necesidades básicas, como responder a las vocalizaciones de los animales o de los humanos.

Aunque la anhedonia musical no explica completamente por qué nos gusta la música en primer lugar, ¡sí explica por qué la música nos da escalofríos!

~

Nota al pie 1: Específicamente, el placer «de consumo» está asociado con el costado rostro-dorsal de la corteza del núcleo acuminado medial.

~~~

Escrito por Amy Thomas
Imagen por Jooyeun Lee
Traducido por Dalí Jiménez

~~~

Become a Patron!

Referencias:

Mallik, A., Chanda, M. L., & Levitin, D. J. (2017). Anhedonia to music and mu-opioids: Evidence from the administration of naltrexone. Scientific Reports 7, 41952 (2016).

Autor

Amy Thomas

Amy está cursando una maestría en Comunicación Científica en el Imperial College London y obtuvo su licenciatura en Neurociencia. Ella espera poder comunicar la ciencia a través de diferentes medios para generar interés en la ciencia y en temas sociales. Además de escribir, a ella también le interesa crear grabaciones de radio y películas cortas. Amy es también música y le gusta componer para complementar su trabajo.

Traductor

Dalí Jiménez

Amy Thomas

Amy is a Science Communication MSc student from Imperial College London and holds an undergraduate degree in Neuroscience. She hopes to communicate science through different mediums to spark interest in science and social topics. As well as writing, creating radio pieces and short films are areas of particular interest. Amy is also a musician and likes to compose music to complement her work.

es_ES