Neuro Cartilla: Glía

Artículo original: Reading: Neuro Primer: Glia Alexa Erdogan

Traducido por Adriana Pérez

Todos los días, hay un grupo de células que trabajan sin cesar para vigilar y proteger la arquitectura neural de nuestro cerebro.  Incluso algunas de estas células se mueven, escaneando las redes neuronales como un avión teledirigido de reconocimiento en los videojuegos.  Cuando ellas detectan una amenaza, pueden cambiar su aspecto para atacar a intrusos que pudieran hacerle daño al resto del cerebro.

Pero estas células no son neuronas.  Se llaman glía.

La glía, conjunto de células gloriosas, son las guardianas y protectoras de nuestro cerebro. Sin embargo, estamos hasta ahora empezando a entender la gama de funciones que estas células llevan a cabo y los detalles minuciosos de cómo funcionan.  Las células gliales, que reciben su nombre de la palabra griega para «adhesivo», fueron descubiertas por primera vez en la primera mitad del siglo XIX. Fueron observadas inicialmente por el médico francés Rene Dutrochet, cuando estaba estudiando el sistema nervioso de los moluscos y descubrió pequeños «glóbulos» entre unos más grandes dentro del tejido nervioso.  Aproximadamente 30 años después, el patólogo alemán Rudolf Virchow también las localizó en su estudio del cerebro, pensando que eran un tipo de tejido conectivo manteniendo a las neuronas unidas entre sí. Él, por lo tanto, las nombró «nevernkitt», o «adhesivo de nervio», que se traduce a neuroglia (o simplemente glía). Con el paso del tiempo, otros científicos (como el famoso Santiago Ramón y Cajal, que es más reconocido por sus ilustraciones científicas detalladas de neuronas) contribuyeron con sus propias hipótesis y observaciones para caracterizar estas misteriosas células aún mejor.

La investigación colectiva de estos científicos nos ha llevado a comprender que las células gliales no son solo andamios pegajosos para que las neuronas crezcan. También alimentan a las neuronas con nutrientes vitales y oxígeno valioso, así como ayudan a regular el ambiente interno del cerebro (en otras palabras, mantener la homeostasis). Las células gliales también juegan un papel clave en la creación de nuevas sinapsis (sinaptogénesis) y en la adaptabilidad del cerebro durante procesos como la plasticidad sináptica. Cuando las neuronas se comunican entre sí liberando neurotransmisores a través de la brecha conocida como hendidura sináptica, un tipo especial de célula glial llamada astrocito ayuda a eliminar los neurotransmisores «usados» del espacio, evitando así una acumulación tóxica de estas moléculas. Otros tipos de células gliales, como la microglía, los oligodendrocitos y las células ependimarias, también ayudan a las neuronas a desarrollarse, migrar, crecer, sobrevivir y mantenerse saludables en el entorno dinámico del cerebro. La microglía, en particular, ha exhibido características protectoras notables al dirigir la respuesta inmune general después de una lesión en el cerebro y manejar la inflamación resultante.

Los científicos antes pensaban que el número de células gliales superaba mucho al de las neuronas (unas 10 veces más), pero investigaciones más recientes parecen sugerir que la glía y las neuronas de las que se ocupan podrían existir en realidad en proporciones variables, dependiendo del área del cerebro. En áreas como la corteza cerebral, por ejemplo, las células gliales (o células no neuronales, en general) más probablemente existen en una relación de 1:1; mientras que en áreas como el cerebelo, las células gliales son probablemente una minoría, con una relación de 0,23 a 1.

Si bien el estudio de la neurociencia ha existido durante siglos, las células gliales como tal son increíblemente nuevas en el campo. Todavía hay mucho que aprender sobre la variedad de estas células, desde la gama de funciones que realizan hasta los mecanismos exactos de cómo lo hacen. Muchas de estas células también están involucradas en una variedad de enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer  y la enfermedad de Lou Gehrig. Descubrir el misterio de cómo estos pequeños «glóbulos» diligentes protegen el cerebro y lo ayudan a prosperar podría ayudarnos a desarrollar posibles tratamientos para tales enfermedades en el futuro. Además, nos ayudaría a comprender mejor nuestros cerebros, desde grandes conceptos como cómo se adaptan nuestros cerebros a conceptos más específicos como el modo en que formamos nuevos recuerdos. A pesar de todos los misterios y las grandes preguntas, una cosa es segura: el campo de la neurociencia tiene mucho más que explorar gracias a estas pequeñas células cruciales en nuestro cerebro.

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Escrito por Alexa Erdogan
Traducido por Adriana Pérez
Ilustrado por Alexa Erdogan

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Referencias

Azevedo, F. A., Carvalho, L. R., Grinberg, L. T., Farfel, J. M., Ferretti, R. E., Leite, R. E., … & Herculano‐Houzel, S. (2009). Equal numbers of neuronal and nonneuronal cells make the human brain an isometrically scaled‐up primate brain. Journal of Comparative Neurology513(5), 532-541.

Brown University Wiki. (2010). History of GliaBrown University. Retrieved from: https://wiki.brown.edu/confluence/display/BN0193S04/History+of+Glia

Chung, W. S., Allen, N. J., & Eroglu, C. (2015). Astrocytes control synapse formation, function, and elimination. Cold Spring Harbor perspectives in biology, a020370.

Ndubaku, U., & de Bellard, M. E. (2008). Glial cells: old cells with new twists. Acta histochemica110(3), 182-195.

Thomas, Ben. (2013). A Secret Society of Cells Runs Your Brain. Scientific American. Retrieved from: https://blogs.scientificamerican.com/mind-guest-blog/a-secret-society-of-cells-runs-your-brain/

von Bartheld, C. S., Bahney, J., & Herculano‐Houzel, S. (2016). The search for true numbers of neurons and glial cells in the human brain: a review of 150 years of cell counting. Journal of Comparative Neurology524(18), 3865-3895.

Autora

 Alexa Erdogan

Alexa Erdogan está actualmente cursando una maestría en ingeniería de sistemas espaciales en la Universidad John Hopkins. Aunque ella originalmente empezó a estudiar biología molecular y celular, y neurociencia, ella ha combinado desde entonces estos campos con la ciencia del espacio exterior, resultando en la búsqueda de su más anhelada frontera final: la neurociencia del espacio exterior.  Su investigación previa ha ahondado en el papel que la microglía juega en el precondicionamiento isquémico, mientras que sus esfuerzos ahora exploran el impacto que el espacio exterior toma en los sistemas neurológicos de diversas especies.  Fuera de su investigación, ella trata de compartir su pasión por las ciencias con otras mentes curiosas utilizando la comunicación científica a través de varios medios de comunicación, desde la prensa hasta los podcast.

Traductora

Adriana Pérez

Adriana Pérez es una estudiante de psicología con una especialización en participación comunitaria y cambio social en UCLA. Ella es una ayudante de investigación en un laboratorio de psicología clínica que investiga disparidades raciales/étnicas que existen en los servicios de salud mental entre jóvenes. Después de su graduación, su meta es de obtener un doctorado en psicología clínica para investigar terapia adaptada culturalmente y proveer servicios de la salud mental a comunidades de minorías raciales o étnicas.

Alexa Erdogan

Alexa Erdogan is currently pursuing a Master's in Space Systems Engineering at John Hopkins University. Although she originally started in molecular and cellular biology and neuroscience, she has since combined those fields with space science, leading to the pursuit of her ultimate final frontier: space neuroscience. Her prior research has delved into the role of microglia in ischemic preconditioning, while her current pursuits explore the impact that outer space has on neurological systems across various species. Outside of research, she tries to share her passion for science with other curious minds using science communication across various media, from print to podcast.

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